Un cura de Gabón en la montaña de León
Thierry Rabenkogo Mbourou ejerce el ministerio en 26 pueblos de cuatro municipios Las dos diócesis leonesas han perdido 109 sacerdotes en cuatro años y solo han ordenado a 10

Thierry Rabenkogo Mbourou se pone la casulla para dar misa en Valverde de Curueño. CAMPILLO
Las dos diócesis de León han perdido 109 sacerdotes entre 2018 y 2022 y solo han ordenado a diez nuevos curas. Uno de los últimos en acceder al ministerio es el gabonés Thierry Rabenkogo Mbourou, natural de Port Gentil (Gabón), donde nació en 1985. Llegó a León en 2007 con una beca para ampliar estudios sin imaginar qué le depararía el futuro. «Ni loco pensé ser sacerdote ni que me iba a quedar en España, ni nada. Llegaba como todo joven que sale de su casa a estudiar. Era mi plan. Los planes de Dios han cambiado mi vida en muchos sentidos», explica a Ical.
La provincia de León cuenta con más de 800 entidades parroquiales, muchas de ellas en zonas rurales. Buena parte de los sacerdotes tiene asignado un abultado número de pueblos a su cargo, que en ocasiones supera la veintena. Quien tiene cura en el pueblo tiene un tesoro.
Thierry se desplazó ayer a la localidad de Valverde de Curueño, donde se celebró la festividad de San Martín. Es uno de los 26 pueblos que tiene asignados entre los cuatro municipios de su competencia, Valdelugueros, La Vecilla, Valdepiélago y Santa Colomba. En septiembre cumplió dos años en esta misión que tiene asignada por un periodo de seis. Tiene la ayuda de un laico, José Luis, y desde hace menos tiempo también la de un sacerdote de Costa de Marfil, dado que también le han nombrado responsable del área de Pastoral Juvenil de la Diócesis y eso requiere su presencia en la capital en ocasiones. Reside en La Vecilla y desde ahí se desplaza a las distintas localidades. Afirma que en esta época solamente tienen nueve pueblos «abiertos», donde cada fin de semana hay misa o una celebración de la palabra. A medida que el tiempo mejora se va atendiendo a más localidades, coincidiendo también con la llegada de los feligreses que pasan los meses de invierno fuera. En pleno verano es cuando están ‘operativos’ los templos de los 26 pueblos y la media de ocho feligreses por celebración, excepto en La Vecilla —puntualiza—, se multiplica, también al abrigo de las fiestas locales.

En invierno no todos los pueblos tienen celebraciones. Se «abren» a medida que mejora el tiempo. «El gran cierre es después de la celebración de los santos. No tienen culto, salvo funerales o fiestas», detalla. Así ocurre en Valverde, donde este sábado se festeja al patrón pero la iglesia cerrará de nuevo sus puertas hasta la época estival.
Sobre su experiencia en este territorio de la montaña leonesa, tan diferente de su país y en el que ya ha aprendido a convivir con el frío explica que «lo más satisfactorio es estar con la gente, la labor de acompañar y que te consideren como uno más del pueblo; saben que vivo en La Vecilla, no soy el que aterriza».
En base a lo que vive en su Unidad Pastoral cree que el retorno al mundo rural no se puede considerar una realidad «hoy por hoy» y constata una sangría poblacional «entre los que se mueren y los que se van a la ciudad». «Que viniese sería para teletrabajar o teniendo aquí materia prima, sobre todo en invierno», reflexiona.