Diario de León

El doble exilio de las personas que son ciegas y extranjeras

La Once amplía los servicios para las personas con nacionalidad no española y con residencia legal en España o a quienes el Ministerio del Interior haya concedido el derecho de asilo o la protección subsidiaria. Ya no es necesario pedir una autorización expresa con la que se ha dado atención básica a diez personas en León desde el año 2005 y se podrán ampliar las prestaciones que reciben.

María Rodrígues, en la sede de la Once de León. RAMIRO

León

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Nerwil Carmona sufre una atrofia del nervio óptico provocada por los golpes que le dieron en la cabeza tras su detención en Venezuela por pertenecer a un grupo político opositor a Nicolás Maduro. «Me torturaron, me golpearon y me retuvieron en un cuarto totalmente oscuro durante cuatro días. Soy muy conocido en Venezuela por mi oposición al régimen de Maduro y hubo una movilización en redes sociales para que me soltaran, pero las amenazas a mí y a mi familia no pararon por lo que tuve que salir del país». 

    A España llegó acompañado de su mujer y su hijo en 2019, protegidos por Accem. «Sufro una atrofia en el nervio óptico desde 2016 adquirida por los traumatismos en la cabeza», golpes que le han dejado con un 15% de visión y un 85% de discapacidad. Accem lo puso en contacto con la trabajadora social de la Once, que valoró su caso, y la dirección de la organización en León pidió una autorización expresa a la dirección general de la organización para prestarle los servicios básicos de rehabilitación y movilidad. «Soy vendedor de la Once, estoy pendiente de que me concedan la nacionalidad porque todo resulta más fácil, como arreglar las gestiones en el banco, la vivienda, pedir créditos o hacer un seguro médico. Resurgir en muy complicado si no tienes la nacionalidad».

María Rodrígues"Cada vez veía menos. Mi matrimonio entró en crisis, no encontraba trabajo y me acerqué a la ONCE porque no podía hacer nada y no tenía acceso a ninguna herramienta. Necesitaba un bastón porque perdía la noción de donde estaba. ME han enseñado a manejar el dinero, a hacer las tareas cotidianas y a vivir sola. Ahora soy vendedora del cupón de la ONCE y estoy muy feliz, vivo el día a día"

La misma autorización tuvieron que pedir para dar los servicios de primera necesidad a la portuguesa María Rodrígues Fernández y a la marroquí Rahma Ovehabi.

Nerwil Carmona, en la Once de León.Ramiro

Desde el 1 de abril de este año esos trámites ya no son necesarios. Las personas ciegas, con deficiencia visual grave o sordoceguera de nacionalidad no española y con residencia legal en España o a quienes el Ministerio del Interior haya concedido el derecho de asilo o la protección subsidiaria, podrán beneficiarse del catálogo completo de servicios sociales que presta la Once sin necesidad de autorización expresa. El requisito es una agudeza visual igual o inferior a 0,1 obtenida con la mejor corrección óptica posible, o campo visual reducido a 10 grados o menos.

Nerwil Carmona"Me quedé ciego por los traumatismos que me provocaron los golpes que me dieron cuando me detuvieron en Venezuela. Estoy pendiente de uqe me concedan la nacionalidad española y todo será mucho más fácil para mí, mi mujer y mi hijo. Llegamos a León con Accem y he pasado por todas las fases de solicitud de asilo. La Once me ayudó para las habilidades diarias y trabajo como vendedor"

El cambio actual significa que, además de la rehabilitación y la movilidad, los únicos servicios a los que tenían acceso los extranjeros hasta ahora, pueden beneficiarte de toda la cartera de servicios la organización, como atención educativa, comunicación y acceso a la información, apoyo al empleo, apoyo psicosocial y bienestar social. «Nunca hemos dejado de atender estas necesidades, no hemos sido muy estrictos pero ahora se eliminan los trámites que teníamos que hacer antes», asegura la directora de la Once en León, María Quindós

Rahma Ovehabi, marroquí.RAMIRO

De hecho, la organización ha atendido en la provincia a diez personas no nacionales desde el año 2005. Los últimos que han solicitado apoyos son los tres protagonistas de este reportaje.

Rahma Ovehabi"Tengo 55 años y hade dos que me quedé ciega por una retinopatía diabética. La trabajadora social habló con la Once, le trajo los papeles. Ahora salgo a la calle con el bastón y puedo ir a comprar a la farmacia. Estoy divorciada y vivo con mi hijo que es discapacitado. Los dos nos arreglamos bien. Yo le he enseñado cosas y él me ayuda. Por la noche me prepara las verduras y hago la comida al día siguiente"

La portuguesa María Rodrígues tiene 59 años y lleva ocho en León. Padece miopatía magna —una de las principales causas de afiliación a la Once—, glaucoma y múltiples complicaciones oculares. «Empecé a empeorar después de la pandemia. Iba al oculista cada seis meses y con los resultados me dirigía al centro de discapacidad. Cada vez veía menos y mi matrimonio entró en crisis. No encontraba trabajo y no podía hacer nada. Me acerqué a la ONCE, necesitaba un bastón, herramientas para la vida porque perdía la noción de donde estaba. Ahora vivo sola, me arreglo muy bien y soy vendedora del cupón».

El primero contacto de las personas no nacionales o solicitantes de asilo es a través de las oenegés o las trabajadoras sociales, que derivan los casos a la Once, donde reciben un primer encuentro con Inés Martínez, trabajadora social.

Así llegó a la Once, Rahma Ovehabi, de 55 años, que hace dos años se quedó ciega como consecuencia de una retinopatía diabética. «Ahora puedo salir a la calle con bastón, ir a comprar a la farmacia, pero no a Mercadona, eso me resulta complicado». Rahma es divorciada y vive con su hijo también discapacitado, que recibe atención en Aspace. «Mi hijo me ayuda mucho a pesar de su discapacidad, le he enseñado a que lo haga y nos arreglamos bien. También me ayuda mi hermana. Mi hijo me prepara las verduras por la noche y yo hago la comida por la mañana.». Esther Gallego, técnico de rehabilitación, asegura que en contra de lo que puede parecer, cocinar con gas es más fácil para las personas ciegas, que se orientan muy bien por el color y el olor». Radma trabajó interna en domicilios y le ha quedado una pensión por discapacidad. «Ahora estoy aprendiendo con el móvil tecnología aplicada a baja visión». Se emociona al pensar el el futuro. «Quisiera poder trabajar».

María Rodrígues, Nerwil Carmona y Rahma Overhabi, en la ONCE

María Rodrígues, Nerwil Carmona y Rahma Overhabi, en la ONCERAMIRO

«Si no fuera por la Once seríamos siempre personas dependientes», destaca María Quindós.

Esther Gallego, técnico de rehabilitación, acompaña en todo el proceso a las personas que se afilian a la ONCE, que ya son 750 en toda la provincia.

750 afiliados

El 60% de las ventas de los cupones de la Once van destinados a los servicios que reciben los afiliados, que son gratuitos para los usuarios.

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