UN FUTURO TRAS EL REFUDIO
«En Siria no me veía estudiando y con carné de conducir»
Basmah Mohamah quiere cumplir sueños, ha aprendido español, conduce su propio coche, se forma, trabaja y estudia ESO

Basmah Mohamah Alidrees, este viernes en el patio de la Fundación Sierra Pambley. Fernando Otero
Basmah Mohamah Alidrees nació en Alepo (Siria) hace 36 años. A los 16 años se casó y solo pudo estudiar la educación primaria. Hace diez años tuvo que salir de su país con su marido y sus tres hijos. En el año 2011 estallaron las protestas contra el presidente sirio, Bashar el Asad, y Siria se sumió en una guerra civil que ayer, 13 años después, vivió su penúltimo episodio con los rebeldes islamistas haciéndose con parte del control varias ciudades y con aviones de combate sirios y rusos bombardearon diferentes barrios de Alepo. Se calcula que desde que estalló el conflicto han muerto más de 300.000 personas en Siria.
Basmah y su familia huyeron a Jordania, donde permanecieron «con una vida muy mala» durante cinco años. «Mi marido no tenía trabajo y mi hijo y yo tenemos problemas de corazón. La gente pobre tiene que elegir entre ir al médico o comer. No había buenos colegios y si no trabajas no tienes ninguna posibilidad».
Un día recibieron la llamada «del responsable de los programas de refugiados de la UE» y nos propusieron salir del país con destino a Europa. «Tuvimos que superar nueve meses de entrevistas y finalmente nos hablaron de Suecia, Italia, Inglaterra y España. España dijo que nos aceptaba». Ese fue el principio de su nueva vida y la de toda su familia. Basmah nunca imaginó cuanto cambiaría su destino.
«Cuando el avión estaba aterrizando en Madrid tenía sentimientos mezclados. Por una parte, sabía que abandonaba mi país, a mi familia, a la que no volvería a ver, y, por otra parte, estaba contenta porque sentía que el futuro sería bueno. Lo que encontré supera todos mis pensamientos, es mucho mejor».
En Madrid, la familia fue recibida por los responsables del programa de refugiados de Cruz Roja, que los esperaban para trasladarlos directamente a León, donde ya han superado todas las fases del programa internacional. «Estuvimos un año y medio con el apoyo de Cruz Roja, pero ese vínculo ya es para toda la vida».
Basmah asegura que todo lo que le propone Cruz Roja es bueno para ella. Gracias al apoyo de la institución su marido, un oficial de albañilería muy cualificado, tiene trabajo en León.
En León aumenta la familia
En León nació su cuarto hijo. «Los cuatro están estudiando y están felices». Tres chicos de 17, 12 y 4 años y una chica de 14 años. Durante este tiempo ha compatibilizado el cuidado de su familia, su casa, los estudios de español y la asistencia a cursos para adquirir competencias laborales. «Pero lo primero fue la salud, la atención médica, sin salud no hay nada, después el aprendizaje del idioma y cuando mi bebé cumplió los dos años me puse en manos de Cruz Roja para buscar trabajo». Lo encontró en el sector de la limpieza. «Es uno de los trabajos que se hacen en España que más me sorprendió. En mi país nadie cada familia se limpia su casa, nadie va a limpiar la casa de los demás», asegura. «Es muy importante la formación para acceder a un puesto de trabajo, por eso trabajaba, seguía asistiendo a cursos, estudiaba español y cuidaba de mis hijos. Mi marido también trabaja y me puede ayudar poco».
El segundo empleo llegó como operaria de producción en Patatas Hijolusa. «Allí demostró sus dotes de organización y anticipación», aseguran los responsables del programa de empleo de Cruz Roja, que le propusieron que se sacara el carné de conducir. «En mi país nunca me imaginé con carné de conducir, no me hacía falta, pero como me lo propusieron supe que era bueno para mí y estudié. Aprobé el teórico a la primera y el práctico a la tercera», comenta mientras no puede contener una sonrisa, la misma que mantiene durante toda la entrevista. «Mi marido me consiguió el coche. Él me animó a sacarme el carné y me regaló el coche».
«Y voy a seguir», dice con seguridad. Ahora trabaja limpiando en un local de hostelería en Espacio León. «Estudio segundo de ESO en la escuela de adultos y en mi imaginación me veo en la universidad estudiando Medicina», asegura. Pero antes se pone retos más cercanos. «Quiero hacer un módulo de FP de peluquería y abrir mi propio salón de belleza. A mi hija también le gusta, pero ella no tiene claro todavía que quiere estudiar». Su hijo mayor viajará en próximas fechas a Alemania para hacer prácticas en una empresa como administrativo porque estudia FP en esa materia. «El que tiene 12 años dice que quiere ser médico».
Decidió ponerse el velo «por mi religión, nadie me ha obligado. Aquí la gente piensa que nos obligan los hombres, los padres o los maridos, pero no es así. Mis padres se separaron cuando yo era pequeña. Ninguno me dijo nada del velo y yo decidí ponérmelo, como lo ha hecho mi hija, que lo lleva al colegio aquí en León. Su padre no se ha metido en eso y no dice nada, ha sido una decisión de ella».
Sueña con más avances en su vida. «Me imagino en situaciones idílicas», aunque confiesa que los estudios, el trabajo y el cuidado de sus hijos le deja poco tiempo libre. «Mi mejor amiga es de León, María, que era mi vecina en el primer piso en el que nos alojó Cruz Roja cuando llegamos. Desde entonces somos buenas amigas». Asegura que nunca ha sentido rechazo. «Solo encuentro amabilidad en León, la gente se porta muy bien conmigo». Otro deseo: «Montar a caballo, pero poco a poco».