Jesús Calleja: «Lo que he visto es abrumador, me emocioné y mis lágrimas flotaban»
«Esas mierdas geopolíticas y conflictos desaparecerían si vieran la Tierra desde el espacio"

Jesús Calleja, en la cápsula espacial-
Lloró durante el viaje y lloró al aterrizar en la Tierra. Con la adrenalina todavía en el cuerpo, Jesús Calleja (Fresno de la Vega, León, 59 años) ofreció anoche una rueda de prensa en la que todavía decía sentirse abrumado. Y lo estaba. «Lo que vi es tan abrumador, ese azul tan intenso de la Tierra en medio de un universo tan negro, como no le he visto nunca, de un negro profundo. ¿Estamos flotando en el universo y solo hay vida aquí?», se preguntaba el aventurero y presentador. «Todas las mierdas geopolíticas y los conflictos se evaporarían si los que mandan tuvieran la oportunidad de admirar lo que he visto. Estamos a tiempo de revertir el calentamiento global, de cuidar nuestro planeta para que no se acaben los recursos». Por eso lloró. «Me di cuenta de que algo húmedo me rozaba las mejillas y eran mis lágrimas que estaban flotando».
Durante la rueda de prensa hubo momentos en los que casi no pudo contener la emoción. «Es sorprendente la línea de la capa atmosférica y la curvatura de la Tierra. Los que niegan eso es porque no saben comprender lo que ven».
Una emoción que asegura no sintió nunca en sus retos por el mundo, ni cuando llegó al Everest ni a la Antártida ni al Polo Norte ni al Himalaya. «Nunca lloré en esos retos. Lo que he vivido hoy es mágico».
Puso en valor la sostenibilidad del viaje en una nave reutilizable que expulsa vapor de agua. «Me gusta que la misión sea sostenible», dijo, para contestar a los que pueden cuestionar que haya personas que paguen un millón de euros por este viaje, como el resto de sus acompañantes. »Yo he ido a trabajar, pero quién soy yo para juzgar, que la gente haga lo que quiera. Todos llevamos unos sensores puestos en el cuerpo y toda esa información va a servir para avanzar en los viajes espaciales. Los que se pagan el billete regalan esa información para la ciencia, datos que son valiosísimos para nuevas misiones espaciales, donde conseguir tierras raras, muevos materiales. Siempre que hay un programa espacial la humanidad avanza».
Con León en el corazón, envió un saludo a sus vecinos de Fresno de la Vega, que ayer se reunieron en un local del pueblo para compartir la emoción del despegue. «Nací en León, me crié en un pueblo, no me regalaron nada», dijo Calleja emocionado. «Aquí está todavía ese niño que tiene esa mirada curiosa. El que soñó con ser astronauta en el molino de su abuelo. Mañana ya estaré planificando mi próximo viaje».
Sin etiquetas
Tampoco quiso ponerse etiquetas. «No tengo tarjeta de visitas de ningún tipo, no me gusta etiquetarme». Así respondió a la pregunta de si se sentía más turista espacial o astronauta. «Soy el tercer español que ha llegado al espacio. Pablo Álvarez y Sara García han sido los elegidos para viajar al espacio porque están superpreparados. No se trata de poner marcas».
Con un ascenso con fuerzas 5G que llevó a su cuerpo a pesar 300 kilos durante el despegue, Calleja explicó que en esos momentos «te están sacudiendo todo el rato y parece que te estás desarmando». Un momento para el que se ha estado preparando durante quince días, en los que también ha reforzado la gestión del miedo. «Cuado he llegado a la ingravidez y me he quitado el arnés y los cinturones de seguridad, me he dado la vuelta sin darme cuenta y he pensado que algo iba mal porque pensaba que la cápsula estaba boca abajo, cuando era yo quien lo estaba. «Cuando aterrizábamos y comprobé que los paracaídas se habían abierto me relajé, porque hasta ese momento tienes la duda de si se abrirán o no».
El New Shepard despegaba desde las instalaciones de Blue Origin en la zona oeste de Texas a eso de las 16.50 horas, ejecutando un vuelo suborbital que ha durado poco más de diez minutos y en el que la velocidad máxima que llegó a alcanzar fue de 3.600 kilómetros por hora. La cápsula, completamente autónoma, se separó del propulsor a unos 250.000 pies (76 kilómetros de altura) y continuó hacia el espacio hasta alcanzar un apogeo de 345.300 pies (algo más de 105 kilómetros de altura), superando la llamada Línea de Kármán, situada a unos 100 kilómetros de altura, el límite internacionalmente reconocido del espacio, pasados los 3 minutos 32 segundos. Durante unos tres minutos, los tripulantes disfrutaron de unas vistas impresionantes y de la ingravidez, ya con los cinturones de seguridad desabrochados. Mientras tanto, el cohete propulsor comenzaba su descenso, primero en caída libre y después frenándose gracias a los retropropulsores que propiciaban su posado en una plataforma a aproximadamente a dos millas (3,22 km) al norte del punto de despegue, a las 16.58 horas. Apenas un par de minutos después, la cápsula, que había entrado ya en caída libre estable, se divisaba desde la Tierra. A unos 2.000 pies de altura, se desplegaban los tres paracaídas de frenado, para posteriormente desplegarse los tres paracaídas principales. Justo antes de tocar tierra, un sistema de retropropulsión expulsaba una nube de aire bajo la cápsula para crear un aterrizaje suave, levantando una considerable polvareda en el entorno.
Una moneda de aluminio
Mostró una moneda que le han regalado los monitores espaciales. «Esta moneda está hecha con el mismo aluminio de la nave y me voy a hacer un collar con ella para recordar cómo es esta maravilla de cápsula espacial».
Y para terminar hizo un llamamiento. «Si Blue Origen va a la Estación Espacial Internacional, yo me iría», dijo convencido para de que repetiría experiencia.