El filósofo del cansancio
El surcoreano Byung-Chul Han, galardonado con el Princesa de Asturias de Humanidades

El filósofo y ensayista de origen surcoreano Byung-Chul Hanie.
La obra del filósofo y ensayista alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, uno de los pensadores más críticos con el capitalismo, el hiperconsumismo y el exceso de información, ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades por su «brillantez» para interpretar los retos de la sociedad tecnológica. El jurado encargado de fallar el galardón este miércoles ha destacado que el pensador proporciona en sus análisis explicaciones sobre la deshumanización, la digitalización y el aislamiento de las personas y su «mirada intercultural» arroja luz sobre «fenómenos complejos» del mundo actual.
El fallo ha ensalzado que la obra de Han «revela una capacidad extraordinaria para comunicar de forma precisa y directa nuevas ideas en las que se recogen tradiciones filosóficas de Oriente y Occidente». La sociedad del cansancio Muy crítico con el modelo de sociedad hiperconsumista y ahogada por un exceso de información (hipertransparencia), el pensador surcoreano reivindica en sus obras el placer de vivir frente al permanente miedo a la muerte. «Para sobrevivir, sacrificamos voluntariamente todo lo que hace que merezca la pena vivir, la sociabilidad, el sentimiento de comunidad y la cercanía», sostiene el ensayista nacido en Seúl en 1959 y que a los 22 se trasladó a Alemania donde recibió su formación. Este filósofo, traducido en numerosos idiomas, ha dedicado sus reflexiones, especialmente, a la que él denomina la ‘sociedad del cansancio’ y a la ‘sociedad de la transparencia’, así como al concepto de ‘shanzhai’, un neologismo con el que identifica los modos de la deconstrucción en las prácticas contemporáneas del capitalismo chino. Crítico con el neoliberalismo, mantiene que esta sociedad vive en la edad de los trastornos neuronales (depresión, síndrome de fatiga crónica, de déficit de atención, hiperactividad), causados por un exceso de positividad en una sociedad que ha abandonado la reflexión, el retiro, la meditación y que, por tanto, no valora la individualidad. En este sentido, defiende que se trata de una sociedad cada vez más dominada por el narcisismo y enferma de pérdida del deseo, en la que los individuos se vuelven progresivamente incapaces de relacionarse entre sí, e insiste en la necesidad de recobrar la capacidad de poder decir que no, que no todo es posible, que no todo se puede hacer, que ni siquiera se debe poder intentar.