Diario de León

PREVENCIÓN DE LOS EPISODIOS AUTOLÍTICOS

Las adicciones multiplican por 14 el riesgo de suicidio

Formación en Proyecto Hombre con Luis Fernando López Martínez y Eva M. Carretero

El riesgo de suicidio aumenta con las adicciones.

El riesgo de suicidio aumenta con las adicciones.dl

Carmen Tapia
León

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Las personas que viven con una adicción enfrentan un riesgo considerablemente mayor de presentar pensamientos suicidas o conductas autolíticas, en comparación con las personas sin adicción. Dos especialistas en el ámbito de la salud mental y la prevención del suicidio, los psicólogos Luis Fernando López Martínez y Eva M. Carretero ofrecen hoy una jornada de formación sobre la prevención del suicidio en personas con adicciones, organizada por la ULE y Proyecto Hombre. «El riesgo no es uniforme, varía dependiendo del tipo de adicción, de la gravedad con la que se manifiesta y, muy especialmente, de si existe o no una patología dual (presencia simultanea de una adicción y algún tipo de trastorno mental) que complique aún más la situación», explican los especialistas a preguntas de este periódico, y destacan que el riesgo de suicidio en quienes padecen trastornos por consumo de sustancias se incrementa de forma alarmante. «Se estima que puede ser entre 10 y 14 veces más alto que en la población general. Además, entre un 20 % y un 62 % de las personas con este tipo de trastornos han experimentado, en algún momento de su vida, algún tipo de ideación suicida. Y no solo eso: entre un 15,8 % y un 52 % han llegado a llevar a cabo conductas autolíticas a lo largo de su historia vital. Por supuesto, como señalamos antes, estas cifras fluctúan significativamente en función de las características específicas del consumo, así como de la presencia de otros factores asociados que pueden agravar —o en algunos casos matizar— esta tendencia».

Cualquier tipo de adicción representa un factor de riesgo que aumenta la probabilidad de que aparezcan comportamientos autolesivos, «aunque la realidad es que no todas las adicciones implican el mismo grado de riesgo, sino que existen importantes diferencias en la prevalencia de conductas autolíticas dependiendo del tipo de adicción. Esto se debe, por un lado, a la propia naturaleza de la sustancia consumida, y por otro, a los entornos psicosociales que suelen acompañar a cada tipo de consumo». El alcohol, aseguran, es, sin duda, una de las sustancias más fuertemente asociadas a la conducta suicida. «Esta asociación se vuelve especialmente preocupante cuando la persona también atraviesa episodios de depresión o tiene antecedentes de violencia. De hecho, es importante destacar, que en aproximadamente el 37 % de los suicidios, se ha detectado algún tipo de consumo previo de alcohol». En sustancia como la cocaína o los opioides «están estrechamente ligadas a comportamientos autolesivos y suicidas. Las personas que las consumen suelen mostrar una alta prevalencia de estas conductas, y un riesgo significativamente mayor que la población general». Este riesgo, se multiplica en situaciones de policonsumo, sobre todo cuando se combinan sustancias de efecto depresor con otras de tipo estimulante. «La interacción entre ellas no solo intensifica los efectos fisiológicos, sino que también puede desestabilizar profundamente el equilibrio emocional de quien las usa». La adicción a las tecnologías —especialmente a redes sociales, videojuegos y dispositivos móviles— ha sido cada vez más asociada con síntomas depresivos, ansiedad y mayor riesgo de conductas autolesivas y suicidas, especialmente en el caso de los adolescentes.

Vacío y desconexión

«En estos casos, lo que suele predominar es una sensación profunda, de vacío y desconexión emocional. En muchas ocasiones, lo que estas personas intentan es aliviar un malestar interno que no saben cómo expresar, ni mucho menos cómo resolver. Dentro de los entornos digitales, hay señales que pueden servir de alerta ante un posible riesgo de autolesión o conducta suicida. Algunas de las más frecuentes —aunque no siempre evidentes— son expresiones verbales o escritas relacionadas con el cansancio vital, la sensación de inutilidad, la pérdida del sentido de la vida o una desesperanza persistente, eliminación repentina de perfiles o cierre de cuentas en redes sociales, mensajes ambiguos o despedidas simbólicas, como, por ejemplo: «No me busquéis» o «Gracias por todo». Porque muchas veces, detrás de una pantalla, alguien está pidiendo ayuda sin saber cómo hacerlo. «El trabajo con personas con adicciones es, sin duda, un proceso profundamente complicado que presenta múltiples retos y desafíos, entre los que la presencia de conductas autolesivas o suicidas, aumentan aún más la vulnerabilidad». Uno de los aspectos más delicados al trabajar con personas que padecen una adicción y manifiestan ideación suicida, «es la ambivalencia constante entre el deseo de vivir y la necesidad de escapar. En la mayoría de los casos no se trata de un deseo de morir, sino más bien de no saber cómo seguir viviendo».

El silencio complica la situación. «La vergüenza, el temor al juicio, el estigma o el miedo a un posible ingreso, pueden llevar a muchas personas a ocultar lo que sienten. Y en el contexto del consumo, este silencio se vuelve todavía más profundo, y el aislamiento crece, alimentado por la fractura de los vínculos afectivos, el deterioro de las relaciones y la culpa de quien convive con la adicción». Los especialistas destacan la escasez de recursos «y la escasa coordinación entre los distintos servicios".

«El alcohol es una de las sustancias más fuertemente asociadas a la conducta suicida, en especial en personas que están deprimidas»

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