HISTORIAS DE SUPERACIÓN
La leonesa Nuria Alonso rompe las barreras auditivas para ser veterinaria

Nuria Alonso Fernández, una joven con discapacidad auditiva que quiere ser veterinaria.
La LSE es la lengua materna de Nuria Alonso Fernández. Su madre y su padre son sordos y tiene un hermano oyente. Esta joven leonesa de 23 años fue diagnosticada con sordera a los dos meses de nacer. Desde pequeña usa audífonos y recibió estimulación temprana y logopedia. Era la única niña sorda en su clase en el colegio Santa Teresa de León.
Su tía y su abuela han sido su conexión con el mundo oyente. De su mano, y con los audífonos, aprendió a hablar. Es una experta lectora de labios y no ha necesitado apoyo de intérprete de lengua de signos para seguir las clases. «He tenido bastante suerte en el aspecto social y la educación. Mis profesores han sido empáticos y han estado pendientes de mí y de que recibiera suficiente apoyo», apunta.
Nuria aprobó la Ebau y logró entrar en la universidad para estudiar Veterinaria. Todo parecía ir bien hasta que llegó el covid y el uso de las mascarillas. «Me quitaron lo que más necesitaba, la lectura labial». Pidió un intérprete en la Oficina de apoyo a la Discapacidad, pero se escapaban los términos técnicos.
Las mascarillas transparentes que algunos profesores accedieron a ponerse «se empañaban a la media hora». «Algunos se bajaban la mascarilla en clase». Sus compañeros le prestaban apuntes, pero Nuria no cejó en su empeño en buscar una solución y se le ocurrió usar el Google Meet para traducir las clases. «Es el recurso que sigo utilizando», aclara.
También se inventó un sistema de comunicación no verbal con su profesor de prácticas para sacar el carné de conducir. «Aprobé a la primera el teórico y el práctico» y en pandemia.
Los obstáculos sufridos durante la pandemia afectaron a su rendimiento académico. Desde su experiencia reivindica intérpretes de lengua de signos o servicio de videointerpretación para todas las personas que lo necesiten. «La mayoría de la gente sorda es usuaria de lengua de signos, no de lengua oral», incide.
Nuria accedió a la universidad por el cupo de personas con discapacidad. La veterinaria es su vocación desde niña. «Me siento como una hoja movida por el viento. De pequeña me regalaban muñecas y yo jugaba con Play Mobil de animales», asegura. Tiene predilección por la fauna salvaje y ve en esta profesión un ámbito laboral más allá de las mascotas. «Hay granjas, mataderos, laboratorios...». «A veces se cree que las personas sordas rinden menos y no es así», apostilla.
La joven tiene un grupo de amigos y amigas desde la infancia. La Asociación de Personas Sordas de León es su segunda casa, «un punto de encuentro para la mayoría de nosotros, sobre todo para quienes no se relacionan con personas oyentes». «En la universidad no tengo amigos, tal vez porque en el primer curso no pude relacionarme», apunta.
Nuria Alonso reivindica «intérprete para todas las personas sordas» en los hospitales, ya que cuadrar citas médicas con disponibilidad de los intérpretes que proporciona la federación es casi imposible. También reclama más accesibilidad a espacios de ocio como el cine.