Diario de León

Antonio Serrano, psiquiatra leonés: "El dolor crónico no se cura, pero se puede modular"

El jefe de Psiquiatría del Caule ofrece una charla sobre dolor y cerebro a la luz de la neurociencia y su experiencia de diez años con pacientes

Antonio Serrano, en su despacho del Complejo Asistencial Universitario de León (Caule).

Antonio Serrano, en su despacho del Complejo Asistencial Universitario de León (Caule).virginia morán

Ana Gaitero
León

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El dolor es un asunto (complejo) del cerebro. Como dice Antonio Serrano, psiquiatra especializado en dolor y actual jefe de Psiquiatría del Caule, «sin cerebro no hay dolor». Dolor no equivale a lesión.

Sobre el dolor y el cerebro y, en particular, el dolor crónico habla esta tarde el doctor Serrano en una charla organizada por la Asociación Activos y Felices a partir de las 19.00 horas en el salón de los Reyes del Ayuntamiento de San Marcelo.

El dolor ha tratado de ser explicado desde la antigüedad. Primero a través de la filosofía. En la caverna de Platón ya hay alusiones al sufrimiento del aislamiento, pero fue Descartes el primero que expuso una teoría del dolor. El autor de la duda metódica partió de una dualidad, lo físico y lo mental, que la neurociencia ha desterrado.

«La definición aceptada por la OMS señala que el dolor es biopsicosocial y no mecanicista como decía Descartes», apunta el psiquiatra. Factores biológicos, psicológicos y sociales determinan el dolor. El dolor es algo que todo el mundo padece en algún momento de la vida, pero aproximadamente un 20% de la población sufre dolor crónico.

Antonio Serrano ha dedicado los últimos diez años de su vida a estudiar y tratar pacientes con dolor crónico como psiquiatra en la Unidad del Dolor del Caule. «Que sea un psiquiatra quien se ocupe del dolor parece una cosa extraña, pero nuestro papel es preguntar qué le ocurre a una persona y ver qué podemos hacer», explica.

El apoyo psiquiátrico en el tratamiento del dolor tiene como pilar el cerebro. «El dolor crónico no se cura, pero se puede modular», incide el especialista. «Podemos aliviar más que curar y es lo que más nos piden los pacientes», aclara.

El especialista aclarará por qué a veces se usan fármacos del ámbito de la psiquiatría, como los antidepresivos, son útiles para el dolor. En ocasiones se prescriben aunque no haya depresión porque «modulan los neurotransmisores», precisa. El dolor tiene muchas variables y no es proporcional al daño físico, «puede haber muchas estructuras que tengan que ver con el dolor», añade.

Ante la pregunta de qué se puede hacer con el dinero crónico, la respuesta es que «en primer lugar hay que saber y conocer». Hay que hablar con los pacientes. «Más allá de que el tratamiento tenga un efecto, lo importante es que le des una explicación. Hablar con los pacientes tiene mucho valor, incluso para decirles que no puedes hacer nada», explica.

La buena comunicación, a través de la entrevista clínica y la exploración física, los dos pilares de la práctica médica de los que «no nos podemos olvidar», es el primer paso. Otro factor que hay que tener en cuenta en el tratamiento de pacientes con dolor crónico es la proporción entre beneficio y riesgo de cualquier terapia.

En el abordaje del dolor no tienen cabida frases como «lo tuyo es psicológico» porque «el factor psicógeno no quiere decir que sea voluntario». En la experiencia del dolor los factores psicológicos tienen un papel relevante. «Hay que ser muy prudentes. Puede haber dolor sin lesión evidente y también hay dolor que puede tener que ver con cuestiones psíquicas, subraya.

Durante la charla, el doctor Serrano recomendará algunas lecturas para profundizar en el conocimiento del dolor como 'El error de Descartes', de Antonio Damasio, que explica el error de separar cuerpo y mente que se arrastra desde el siglo XVIII y se está desterrando. A la luz de la neurociencia, es correcto hablar de enfermedades mentales o físicas, «todas tienen ambos componentes". «Hay pocas cosas más corporales que la ansiedad», sostiene Serrano.

«No hay enfermedades mentales o físicas, todas tienen ambos componentes. Hay pocas cosas más corporales que la ansiedad», señala Serrano

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