Diario de León

El último toque de Ángeles e Isolina, pandereteras de Casares

A los 92 años, dos de las mujeres que grabaron 84 canciones en La tradición oral leonesa de Casares, fallecieron el pasado 8 de octubre

De izquierda a derecha, Marucha, Isolina, Enedina, Cilinia, Chari y Ángeles.

De izquierda a derecha, Marucha, Isolina, Enedina, Cilinia, Chari y Ángeles.DL

Ana Gaitero
León

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Nacieron con un mes de diferencia y se fueron el mismo día. Ángeles Álvarez Rodríguez e Isolina Cañón Martínez, pandereteras y filandeiras de Casares de Arbas, fueron flores de primavera en 1933 (una vino al mundo en abril y la otra en mayo). Y, como los pastores, se marcharon con las quitameriendas del otoño de 2025.

El 8 de octubre, como si se hubieran puesto de acuerdo, se lloró en Casares de Arbas por doble partida. Sonaron las campanas al unísono por Ángeles e Isolina, por Isolina y Ángeles, que, a los 92 años, dieron el último toque a una larga y atribulada vida.

Las pandereteras de Casares (Marucha (1940-2020), Nieves, Cilinia, Adamina, Ángeles e Isolina) saltaron a la fama en 2013 cuando el folclorista David Álvarez Cárcamo publicó ‘La tradición oral leonesa’, un volumen y cuatro discos dedicados a Casares. Un total de 84 canciones y cuentos o romances, en los que Isolina era la memoria privilegiada.

Y también porque salieron en el programa Camin de cantares de la TPA (Televisión del Principado de Asturias), donde la frontera de los mapas no pudo poner límites al habla ni a la tradición comunes.

Actuación de cuatro de las pandereteras en La Robla en 2012.

Actuación de cuatro de las pandereteras en La Robla en 2012.BARRIO PLANILLO

Jotas, titos, tonadas, agarraos y cuentines salían de las panderetas y de las voces de estas mujeres alegres y disfrutonas pese a que sus vidas fueron atravesadas por una Guerra Civil que duró en este alto mirador de los Argüellos mucho más que los años de frente y bombardeos.

Ángeles se casó con Santiago Bayón, hijo de los tenderos del pueblo. En la cantina-colmado se instaló el matrimonio con sus suegros y allí nacieron sus cuatro hijos, hasta que, tras morir los padres de Santiago, la familia se traslada a Villamanín, donde primero pusieron tienda y luego el bar Pibe.

Isolina tuvo una vida muy dura. Cuando tenía cuatro años, su madre fue encarcelada en San Marcos y luego la trasladaron a Saturrarán. Se crió con la tía que, también presa en San Marcos, con tantas mujeres de Casares, fue liberada poco después. Se casó con Gabino Álvarez Rodríguez, tuvo dos hijos, Eloy y José Antonio, y se quedó viuda muy pronto, dedicada a la ganado y a todas las faenas que acarreaba tener unas pocas vacas.

Las pandereteras de Casares, como las de Rodiezmo o Nocedo de Curueño, que en León y hasta en El Bierzo hay mucha tradición de pandera, han sido fuente de inspiración para jóvenes del siglo XXI, entre las que destacan las niñas de la asociación Surcos del Órbigo.

Una pequeña huella de su legado queda también en el disco ‘Casares’ del gran Rodrigo Cuevas, el músico asturiano que de niño, descubrió en Rodiezmo, la enorme energía de estas mujeres tocadoras y cantadoras y la recogió y pulió con el tiempo en fusión con música moderna.

Foto histórica de las pandereteras de Casares de Arbas.

Foto histórica de las pandereteras de Casares de Arbas.DL

Antes que Isolina y Ángeles se fue Marucha, en 2020, cuando contaba 80 años. Desde que empezaron a grabar canciones con David Álvarez Cárcamo, en 2011, hasta la pandemia, las pandereteras de Casares vivieron años de gloria y homenajes. Unas tocaban y otras contaban… Algunas, como Isolina, se prodigaron menos en los escenarios. Pero cada vez que se subían era como si estuvieran todas ellas y todas las que las precedieron.

 «A nosotras eso no nos cuesta nada, vamos encantadas a donde sea, a donde nos lleven, además somos muy comediantas, subimos para allá y decimos todo lo que se nos pasa por la cabeza», decía Marucha, en la semblanza que Emilio Gancedo le dedicó en Diario de León en 2013. Las pandereteras tocaban, cantaban, contaban y también bailaban con gusto y ganas.

Se van las pandereteras a tocar al cielo, que tan cerca está de Casares. Pero se augura larga vida a la pandereta y al pandero en estas tierras leonesas.

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