La leonesa María Cerezal: "Con el tiempo puedes decir que eres viuda sin llorar»
La leonesa María Cerezal crea la asociación Más que viudas para dar soporte emocional y social a las mujeres que afrontan la pérdida de sus maridos

María Cerezal durante la entrevista en la redacción de Diario de León.
María Cerezal se quedó viuda hace cinco años y medio. Eran una familia con dos hijos que vivían en Texas, Estados Unidos. «Allí las asociaciones y el apoyo grupal es muy común, más que en España y yo me sentí respaldada por mi comunidad y rodeada de gente muy solidaria».
Su vida ya había cambiado desde que la enfermedad de Pedro, su marido, se agravó. Fueron largos años con un cáncer incurable, pero siguieron en Estados Unidos. Cuando se acercaba el final, le ayudaron los vecinos con la comida y luego fue ella quien devolvió el gesto.
"En Estados Unidos el apoyo comunitario y las asociaciones son muy comunes. Yo recibí ese respaldo y mucha solidaridad y ahora quiero dar"
Tras su fallecimiento decidieron mudarse a León, junto a la familia de María. «Me podía imaginar qué es ser viuda, pero otra cosa es vivirlo, con niños o sin niños». En los últimos meses, ya en León, maduró la idea de crear una asociación de apoyo a mujeres que pasan por una situación parecida. Así nació Más que viudas (@masqueviudas). «Cualquier problema, si lo compartes con alguien que haya pasado por la situación vas a estar mejor».
María ha vivido un «duelo normal», sin obviar la tristeza, pero «me encontré con que la gente no sabía cómo darte el pésame y me sentí señalada como la viuda». Con ‘masqueviudas ‘ quiere concienciar a la sociedad que «somos viudas, pero somos ante todo personas, mujeres, trabajadoras, madres, hijas...». La asociación es de autoayuda, para poner en contacto a mujeres que pueden compartir sus experiencias. «Es reconfortante conversar con otras personas y compartir la experiencia. Yo me pasé meses sin hablar», confiesa.
En el caso de las que son madres, «compartes lo dura que es la crianza, tirar por esos críos». El duelo de los niños es un asunto que afrontó desde antes de que falleciera su marido. «La muerte es un tema tabú y si no se habla, el duelo es mucho más duro y complejo».
En su caso, durante la enfermedad «les decía que lo estaban tratando en el mejor sitio del mundo y que iban a hacer todo lo posible para que se curara. Nunca les prometí que su padre se iba a curar», explica.
El tiempo va colocando la vida. «Con el tiempo puedes decir que eres viuda sin llorar. Te replanteas tu felicidad y se preguntas qués es lo que quieres en la vida», asumiendo la pérdida.
En este proceso, explica María, «aprendes a valorar muchas cosas que habitualmente la gente no valora y eres más feliz». Decisiones como hacer testamento o convertirse en voluntaria en el Hospital Monte San Isidro, con un programa de la Fundación La Caixa vinculado al acompañamiento de personas con enfermedades avanzadas, le han ayudado a reconstruirse. La muerte de su marido le enseñó que hay que facilitar las despedidas y, por otro lado, «quería ayudar». «Ayudar te alivia», remarca.
«Mi marido me demostró su amor cuando me dijo: yo me muero, tú no. Tienes 45 años y sigues viviendo. Viaja, come...», recuerda. Poco después tuvo que afrontar la muerte de un hermano, también por cáncer. «Mi marido me ayudó para acompañar a mi hermano», afirma. Asumir el proceso y dar apoyo a otras personas se ha convertido en una forma de «dar sentido a la muerte de mi marido».
"Cuando te quedas viuda, no solo muere tu marido; se muere una parte de tu vida y te replanteas qué es lo que quieres"
Con masqueviudas quiere crear espacios para compartir y descomprimis la presión social que sienten cuando les preguntan cómo murió su esposo o si han rehecho su vida sentimental.
María Cerezal insiste en que «hay que hablar de muerte porque hablar de muerte durante la vida es vivir mejor, dar sentido a lo que sientes, a que no hay prisa», con independencia de que al sufrir la pérdida «no solo se muere tu marido, se muere una parte de tu vida», añade.
La muerte es algo que «siempre pensamos que le pasa a los demás», apostilla. A ella le devolvió al lugar donde nació y le arrebató una pareja buena, en un buen momento. El consuelo de «tienes niños, no te has quedado sola», no es lo mejor que se le puede decir a una mujer que afronta esta pérdida. «No se ve el sufrimiento de esos niños», subraya.
María quiere llevar a un cuento el duelo en la infancia por la pérdida de un padre. Pedro vivió nueve años con la enfermedad y murió en pandemia. «Fue el 16 de marzo de 2020», dos días después de que en España se declarara el estado de alarma. Su marido se despidió ajeno de lo que se venía encima. «Conseguí que no se muriera con la preocupación de que nos dejaba en medio de una pandemia mundial», relata esta mujer convencida de que cuando llega el momento, «hay que ayudar y facilitar a la persona que se va la despedida»,
El funeral fue en total intimidad y el estilo americano fue un alivio. Una urna con legos para las cenizas y donuts, dos grandes aficiones de Pedro, y su canción favorita de Héroes del silencio adornaron su último adiós.