El 30% de la población disfruta de poco bienestar emocional
La Fundación Cruz Roja culpa al aislamiento social, la violencia y las condiciones socioeconómicas

Voluntarias de Cruz Roja acompañan a una mujer.
Tres de cada diez personas (30%) en España afirma tener un estado de «bienestar emocional negativo». Este indicador mejora con la edad —la generación del «Baby Boom» es la que muestra mayor satisfacción— y empeora en los niveles socioeconómicos medio-bajo y bajo, donde la falta de ingresos y seguridad material generan un mayor malestar. Este es uno de los hallazgos del informe «Bienestar Emocional y Vulnerabilidad», que la Fundación Cruz Roja Española ha dado a conocer este jueves, y que identifica tres tendencias sobre este asunto: el bienestar emocional como un desafío estructural del siglo XXI, la tecnología como elemento de doble filo, y la importancia de la cohesión social y la convivencia en una sociedad diversa.
"El bienestar emocional es uno de los grandes retos de nuestro tiempo y es un indicador clave del progreso de una sociedad. Hoy ese bienestar se ve condicionado por factores como la soledad no deseada, las brechas tecnológicas o la situación de precariedad.
El bienestar no es un asunto indi-vidual, sino que se trata de una cuestión profundamente social que requiere de miradas integrales y un compromiso compartido por toda la sociedad», afirma María del Mar Pageo Giménez, presi-denta de la Fundación Cruz Roja Española y de Cruz Roja Española.
El informe de la Fundación Cruz Roja Española muestra que el bienestar emocional disminuye sensiblemente cuando coinciden tres o más factores de vulnerabilidad. Los más críticos son el aislamiento social, la violencia y las condiciones socioeconómicas desfavorables.
La salud mental, por su parte, aparece como un factor transversal al resto de situaciones, sobre todo entre menores de 50 años. En España, el 34% de la población experimenta algún problema de salud mental: la ansiedad, los trastornos de sueño y la depresión son los principales motivos de consulta.
En algunos casos, las largas listas de espera provocan la «medicalización de la pobreza».