Genestacio libra de la tala a su encinona «por ver si brota»
La Junta Vecinal, propietaria del monte arrasado por las llamas, confía en que el árbol centenario se regenere y esperará al menos un año para tomar una decisión

La encinona de Genestacio de la Vega se mantiene en pie con la esperanza de que pueda regenerarse.
La encinona de Genestacio de la Vega es uno de los símbolos del drama de los incendios de este verano en la provincia de León. El árbol centenario, icono sagrado de la memoria del pueblo, fue pasto de las llamas. El verde de sus ramas se fundió en negro con el paisaje del monte que preside en este pueblo del suroeste de León.
La encinona fue víctima del incendio de Castrocalbón, que arrasó más de 50.000 hectáreas entre las provincias de Zamora y León. En el lugar donde generaciones de jóvenes de Genestacio y pueblos aledaños subían a medir su cuerpo con el del gigantesco árbol el olor a madera quemada impregna el ambiente.
En el pueblo unos dicen que la encina gigante tiene 200 años y otros que 600. El alcalde pedáneo no se moja. «Nadie sabe a ciencia cierta qué edad tiene. A ver si se anima algún científico y hace un estudio», señala Santiago Villar Rubio.

La encinona de Genestacio de la Vega tiene un gran tamaño y es centenaria.
La Junta Vecinal, propietaria del monte, ha decidido que la encinona no se tale. «Vamos a dejarla dos o tres años para ver si brota y se salva», señala el pedáneo. La esperanza está depositada a los pies de la encinona. La gente se apresuró a cubrir con una manta de paja el suelo que abarca toda la copa de la encina para protegerlo de la erosión por la lluvia.
El pueblo de Genestacio de la Vega y toda la comarca han llorado a su encinona, pero no se ha perdido la esperanza de que pueda regenerarse. «Como es un muy grande y pasa un manantial por debajo, tenemos la esperanza de que no le haya tocado el corazón», explica el presidente de la Junta Vecinal.
Hay que dar tiempo al tiempo. Leonor Calvo Galán, catedrática de Ecología y directora del grupo de Ecología Aplicada y Teledetección de la Universidad de León, señaló durante la tragedia en este periódico que los bosques de encinas y robles se pueden recuperar con más facilidad que los de castaños, con un horizonte de recuperación de al menos tres lustros.

Los vecinos echaron paja para proteger el suelo de la erosión.
No talar los bosques de especies autóctonas después de un incendio es una práctica que defienden asociaciones expertas en medio ambiente como Reforesta. «Cortar y extraer los troncos quemados después de un incendio forestal es una práctica extendida, pero tiene importantes efectos negativos», por la erosión que produce la maquinaria y el arrastre de los troncos y la eliminación de materia orgánica que es imprescindible para el alimento de las aves, invertebrados y hongos, apunta este colectivo reconocido de utilidad pública desde 1991.
«La evidencia científica afirma que mantener los troncos quemados crea un ambiente más propicio para la regeneración natural del monte tras el incendio», añade. Reforesta solo defiende la extracción de troncos quemados «únicamente cuando se constate el riesgo de plagas, de caída de árboles en lugares transitados o de excesiva densidad de arbolado».
Provincia
León encabeza la superficie quemada en grandes incendios este año con 109.082 has
María Carnero
La encinona es centenaria, pero hasta ahora nadie ha estudiado la antigüedad real de este árbol icónico
Según esta asociación, la decisión que ha adoptado la Junta Vecinal de Genestacio es la correcta. Además de proteger la fauna invertebrada, los bancos de semillas y las redes de micelio, los troncos quemados «sirven de posadero para aves que colaboran en la dispersión y germinación de semillas y facilitan el establecimiento de nuevas plántulas, que aprovechan su sombra y la humedad que se concentra al pie de los troncos. Su total eliminación anula estas ventajas», tal y como escribieron a la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León.
La Junta Vecinal de Genestacio de la Vega es la propietaria del monte que preside este árbol mítico en la comarca
La asociación Pro-Monumenta ha incluido la encinona de Genestacio de la Vega como una de las pérdidas más valiosas y sentidas del patrimonio natural de la provincia de León a causa de los incendios que asolaron más de 129.000 hectáreas este verano. Castaños en Las Médulas y Bierzo Oeste, hayedos en Picos de Europa, el abedular de Montrondo, en el término de Murias de Paredes,... son algunos de los bosques más emblemáticos que devoraron las llamas. De las decisiones que se tomen ahora dependerá su recuperación.