ENTREVISTA
Jennifer García Carrizo, la leonesa que ha 'viajado' a Marte: "La exploración espacial no es cosa de elegidos"
La profesora e investigadora de la Universidad Rey Juan Carlos, publica 'Misión a Marte' con la experiencia de su viaje simulado a Marte en el desierto de Utah
La leonesa Jennifer García Carrizo, con un ejemplar de su libro.
La leonesa Jennifer García Carrizo estuvo 14 días en Marte. Fue una misión simulada al desierto Utah con la expedición científica Hypatia II, la primera formada solo por mujeres. La profesora e investigadora de la Universidad Rey Juan Carlos publica una especie de diario de bitácora con la experiencia científica en la Mars Desert Researche Station con el libro de ficción Misión a Marte, editado por GeoPlaneta.
— ¿Qué tiene de diferente este libro con otros de divulgación científica aeroespacial?
—Este libro no es solo divulgación científica, es una experiencia vivida. A diferencia de otros títulos más técnicos o centrados en datos, aquí el lector se mete dentro de una misión simulada a Marte desde el punto de vista humano: qué sentimos, cómo convivimos, cómo se toman decisiones en aislamiento o qué pasa cuando la teoría se enfrenta a la realidad. Es ciencia, pero también es emoción, equipo y narrativa personal. Es mi viaje a ‘Marte’ contado a modo de diario de bitácora, para que el lector se venga conmigo a la Mars Desert Research Station.
—¿A qué público va dirigido?
—Está pensado para un público muy amplio. Desde adolescentes y jóvenes con inquietud por la ciencia hasta lectores adultos que simplemente sienten curiosidad por el espacio. He intentado que sea accesible sin perder rigor, para que cualquiera pueda disfrutarlo sin necesidad de tener formación científica previa. Es un libro que te permite vivir Marte sin salir de casa. No es solo una historia sobre ciencia, es una historia sobre personas enfrentándose a lo desconocido, tomando decisiones límite y aprendiendo a convivir en un entorno extremo. Tiene aventura, tiene emoción y tiene realidad, porque todo lo que se cuenta ha pasado de verdad. Si alguna vez alguien ha mirado al cielo con curiosidad, este libro le va a enganchar. Además, si algo me gustaría que se llevara el lector es la sensación de que la exploración no es cosa de unos pocos elegidos. La ciencia necesita perfiles muy diversos, y todos, de una forma u otra, podemos formar parte de ese impulso por conocer más allá de nuestro planeta.
— ¿Cree que la infancia y la adolescencia está ahora más interesada que antes en la ciencia aeroespacial?
—Sí, claramente. Vivimos en un momento en el que el espacio vuelve a ser protagonista: nuevas misiones, avances tecnológicos y una mayor presencia en redes sociales. Eso hace que los jóvenes tengan referentes más cercanos y actuales, y se identifiquen con ellos. La ciencia ya no se percibe como algo lejano. En el fondo nunca lo ha sido, pero creo que ahora se está haciendo un esfuerzo muy grande desde las universidades y centros científicos españoles por acercarla al ciudadano. También creo que los científicos estamos más concienciados que nunca de la importancia de implicar a la ciudadanía en lo que hacemos.
—Artemis II ha vuelto a ilusionar a mucha gente ¿aumentarán las vocaciones para astronauta?
—Sin duda ayuda. Cada vez que hay una misión relevante se despierta ese ‘efecto inspiración’. No todo el mundo será astronauta, pero sí puede ser el impulso para estudiar ingeniería, física o cualquier disciplina científica. Al final, estas misiones amplían horizontes y hacen que muchas personas se planteen caminos que antes ni consideraban.
—¿Cómo ha cambiado su vida esa experiencia de viaje simulado a Marte?
—Ha sido un antes y un después. A nivel profesional, me ha abierto puertas en el ámbito de la divulgación y la comunicación científica. Pero sobre todo a nivel personal: aprendes a gestionar la incertidumbre, a trabajar en equipo en condiciones extremas y a conocerte mejor. Sales con otra perspectiva de lo que significa explorar. Ha sido y es una experiencia única; una aventura muy especial y una gran oportunidad para visibilizar lo que hago. Pero, sobre todo, una oportunidad para poder acercar a la gente a la ciencia y sentir que las cosas que hacemos en la universidad tienen un impacto real en las personas. Si puedo aportar un granito de arena a la sociedad con lo que hago, ya soy feliz.
— ¿Iría a Marte?
—Es una pregunta difícil… La respuesta emocional es sí, sin dudarlo. La racional ya es más compleja. Es un viaje de unos tres años: seis meses de ida, seis meses de vuelta y 2 años en Marte esperando una ventana de regreso. Pero si llega el momento y se dan las condiciones, creo que sería una oportunidad de esas a las que no puedes negarte. En cualquier caso, tengo claro que sí haría un viaje espacial, aunque es complejo porque mi formación es en Ciencias Sociales. Pero quién sabe, cada día las misiones espaciales son más democráticas y abiertas a todas las disciplinas.
—Ahora tiene una exposición en Fuenlabrada. ¿Qué objetos ha expuesto?
—Con motivo de la Semana de la Ciencia de la Universidad Rey Juan Carlos, donde trabajo como investigadora y profesora, hemos decidido montar una exposición sobre objetos reales de la misión: parte del equipamiento, comida deshidratada y material que utilizábamos en los experimentos, entre otros. Verlos fuera del contexto de la misión ayuda a entender mejor cómo es realmente ese entorno y a acercar la experiencia a cualquiera que se quiera pasar por la biblioteca de la URJC en Fuenlabrada (Madrid). En cuanto a los artículos del Diario de León, ha sido muy especial porque he puesto las crónicas que iba publicando aquí casi en directo y a la gente le ha encantado la idea. Ver el trabajo periodístico integrado en una exposición le da una segunda vida y acerca la experiencia a un público que quizá no había seguido la misión en su momento y que ahora se ilusiona leyéndolas de nuevo.
— ¿Qué es lo que aprendió en ese viaje que es más desconocido para el resto de las personas?
—La importancia de los factores humanos. Muchas veces pensamos en la tecnología, en los cohetes o en los trajes espaciales, pero lo más complejo es la convivencia, la toma de decisiones bajo presión o la gestión emocional en aislamiento. Sin eso, ninguna misión funcionaría.
—¿Cómo aborda en el libro su formación como comunicadora?
—Lo trato como una parte esencial del proceso. No solo cuento lo que pasó, sino cómo aprendí a contarlo. La comunicación científica es clave para que estas experiencias no se queden en un ámbito reducido. Intento mostrar ese camino: cómo traducir lo complejo en algo comprensible sin perder profundidad. Además, tengo un capítulo dedicado especialmente a esto que se titula: ¿Cómo se llega a Marte sin ser de ‘ciencias’.