VIDAS
La colombiana OLga Jenaht Velázquez en León: «El duelo migratorio va cargado de culpa y de miedo»
Olga Janeht Velázquez imparte el jueves 21 de mayo un taller de duelo migratorio en la Fundación Isadora Duncan dirigido a mujeres migrantes

Olga Janeht Velázquez Giral, ayer en León.
Olga Janeht Velázquez Giral emigró de Colombia hace siete años para comenzar en España una nueva vida en 2019. En su país dejó en un primer momento a sus tres hijos pequeños (dos de ellos están ya en España y el mayor sigue en Colombia) y a su familia para emprender una nueva etapa. Dejó atrás una vida laboral como experta en comunicación social, publicista y directora de dos periódicos locales en la provincia de Bogotá. Iniciativas económicas frustradas «por la presión política» la agotaron no solo físicamente, sino también emocionalmente. Animada por una amiga, aterrizó en Madrid, donde tramitó su expediente como demandante de asilo. «Me dijeron que incluso podía demandar al Estado de Colombia por daños y perjuicios, pero decidí olvidar. Me vine sola con una maleta llena de sueños y 300 euros» con la idea de probar suerte en España o volver en poco tiempo. Tras las primeras gestiones para arreglar los papeles se desplazó a Valencia de Don Juan. Y lo que comenzó como una primera prueba, que la llevó de regreso a Colombia durante cuatro años para tomar la decisión definitiva de quedarse en España, se ha convertido en un proyecto de vida. «Con 56 años, y después de siete en España, he logrado lo que no había conseguido en Colombia el resto de mi vida anterior».
Olga es el ejemplo de que la edad no pone freno a ningún cambio, que siempre es posible. «Se puede hacer algo diferente y tener éxito», asegura, y lo dice con conocimiento de causa tras divorciarse en su país y sacar adelante a sus dos hijos con ayuda de su familia. «Me quedé con una situación económica comprometida y salí adelante. El desarrollo personal fue parte de mi formación. Es importante trabajar la mentalidad y la autoestima. Eso me ayudó a salir adelante».
En Valencia de Don Juan conoció a la persona que hoy es su esposo, hizo un curso de atención sociosanitaria para cuidar a personas mayores y se instaló en Trobajo del Camino. «Y allí comencé todo. Me salió trabajo a los seis meses después de terminar el curso y de tener mis papeles. Fue muy impactante porque yo siempre trabajé en medios de comunicación, no en el área sanitaria, y tuve que aprender muchas cosas. Para mí se convirtió en una misión de vida».
Dolor y miedo
El jueves 21 de mayo impartirá un taller sobre duelo migratorio en la Fundación Isadora Duncan, destinado a mujeres migrantes. No es la primera vez que ayuda a migrantes a cambiar el miedo por la certidumbre y la culpa por la aceptación. «El duelo migratorio va cargado de culpa y miedo», asegura. Miedo a no ser capaces de enfrentar la nueva vida, a aceptar las pérdidas y quetodo ha cambiado. «Cuando llegué me di cuenta de que aquí todo era diferente y que tenía que adaptarme". Aceptar y cumplir con leyes diferentes a las de sus países. "Muchas no lo soportan y prefieren regresar. Aparte de la presión que puede haber en la familia, que preguntan por qué los dejaste. Eso también genera culpa. Lo primero que hay que hacer es trabajar muchísimo la autoestima. Si yo tomé una decisión, yo soy responsable de mi vida y de esa decisión que tomé. Y desde mi amor propio, lo hice por mí y no tengo por qué tener culpa de haberme elegido a mí, cuando lo que yo busco es mi bienestar para mi familia. Muchas vienen a trabajar aquí y envían dinero para sus padres, para sus hijos. Otras tienen la idea de traerlos, pero lo importante es venir y pensar que hay que trabajar, poner de tu parte».
La población migrante deja atrás su cultura y sus raíces. «Todo es diferente, la comida, la familia, las costumbres, la cultura y hasta el idioma. Porque a pesar de que hablemos español, hay palabras y vocablos muy diferentes que yo al principio no entendía. Para mí fue un proceso de adaptación y acostumbrarme a estar sin mis hijos. Cuando la pandemia fue terrible, a ellos también los tuvieron que hacer una cirugía y yo no estaba. Todas esas cosas, dejar a mi padre, a mi madre, todo me causó dolor. La culpa te persigue porque te vas y dejas a tus hijos. Y en mi caso, por ejemplo, en pandemia tuvieron que hacerle una cirugía a los dos y yo no podía estar allí, no podía regresar, no podía salir. Fue muy duro. Como dejar de ver a mis padres. Este duelo es como una pérdida, como el divorcio, como la muerte de un familiar, dejas tu país y tratas de adaptarte a las nuevas costumbres, a las nuevas formas de ver las cosas, de decirlas, y a superar la muerte de mi padre con un duelo en la distancia».
Síntomas
Tristeza, dolor y sufrimiento «son emociones que siempre van a estar ahí , pero yo puedo elegir si me quedo ahí o saldo de esa emoción. Yo no me quedé con el sufrimiento, me quedé con lo bueno que viví en Colombia y eso me ayudó a seguir, y lo hice a través del desarrollo personal, la meditación y mucha oración, pegada a Dios siempre. Fui Evangélica, pero no me congrego en ninguna Iglesia porque tuve una mala experiencia aquí en España con la iglesia Evangélica y aposté por la espiritualidad. Me siento mucho mejor».
Ahora queda la gratitud. «Nunca he sentido discriminación, lo que sí noto es que aquí algunas personas hablan muy duro, es la única parte que extraño más, que hay personas que te hablan como si estuvieran gritando o regañando, pero ahora veo que son así, que no es nada personal».
Olga Janeht anima a las mujeres migrantes de León que vayan al taller, «porque muchas vienen desorientadas y, sobre todo, se bloquean con dudas sobre si la decisión que tomaron fue la correcta o no. Hay que trabajar mucho la culpa. Lo que busco con el taller es que se sientan bien, a que suelten las piedras de la mochila y busquen generar recursos ayudar a sus familias».