Edificios emblemáticos de León: el seminario diocesano de San Froilán

Plaza de Regla, número 8.
Tras una larga historia que arranca a principios del siglo XVII, en 1886, el Obispo Gómez Salazar encargó a Juan Bautista Lázaro, entonces arquitecto de la Catedral, un seminario de nueva planta. Las obras comenzaron en 1894 con la elevación de una extraordinaria iglesia neogótica. En 1896 se inicia la construcción del nuevo inmueble, que fue levantado con «ritmo desigual». Y en 1924, el Obispo Álvarez Miranda, tras descartar otros proyectos, encomienda a Manuel de Cárdenas completar el edificio hacia la plaza de Regla… Cárdenas concibió una fachada dialogando con la Catedral, pero evitando competir con ella. Y la integró respetuosamente con la obra proyectada por Lázaro en la que destacaban la luminosidad de sus claustros y galerías, la majestuosidad de su escalera principal y la pureza de líneas de su iglesia. Dispuso la nueva fachada al modo clásico: simétrica y tripartita. Continuó la planta baja de ladrillo con vanos de medio punto bajo guardapolvos enlazados. El orden principal revocado en dos niveles pautados por columnas de huecos y entrepaños con placa octogonal enmarcadas y piedra artificial sobre repisas. Y en el tercer orden, ladrillo sobre alfeizar continuo, vanos arqueados y enlazados entre paños arpados y pilastras que sostienen un friso triscado a sardinel bajo cornisa y balaustrada pétrea de pedestales y pináculos, hoy lamentablemente eliminados. En los laterales, torres con balcones de buenos hierros en el principal, culminadas por un destacado cuerpo arqueado del mismo ladrillo e idéntico remate, aquí blasonado. En el eje, atractiva portada pétrea con vano en carpanel entre pilastras cajeadas y balcón volado con antepechos de forja entre medallones, bajo la clásica hornacina avenerada para El Santo. Todo enfatizado por un frontis ornamental con placa rotulada, frontón y aguja con «bola», veleta y cruz... Partiendo de modelos regeneracionistas decimonónicos —tal vez el madrileño Seminario de las Vistillas-, Cárdenas pasó de puntillas por los estilos nacionalistas más genuinamente españoles, para levantar aquí, a mitad de los años 20, este edificio afín a una tardía corriente regionalista, sin duda inspirado en soluciones de nuestra arquitectura tradicional, donde mezcló el ladrillo tosco con la piedra y el revoco, combinando elementos de aroma neomudejar y «no-barrocos» con otros más novedosos de un emergente Art-Decó.