La maestra de Villablino que pintó el mar
El Museo Marítimo del Cantábrico de Santander rescata en una exposición la figura de Luisa de la Vega Wetter (1862-1944), ilustradora científica, educadora y defensora de la educación femenina y que impulsó la sección de niñas de la escuela de Sierra Pambley en Villablino

Luisa de la Vega Wetter en su mesa de trabajo rodeada de ilustraciones durante su etapa en Santander.
Cuando llegó a Villablino en 1907, Luisa de la Vega tenía tras de sí una vida cosmopolita y una intensa carrera como ilustradora científica. Hija del periodista Federico de la Vega y Emilia Wetter, nació en París el 19 de agosto de 1863. Sus orígenes multiculturales y el entorno intelectual de la familia facilitaron su dominio de tres idiomas: francés, español y alemán. En París se graduó en Magisterio y allí conoció al naturalista cántabro Augusto González de Linares, exiliado en Francia y muy vinculado a la Institución Libre de Enseñanza.
En 1881 Luisa y Augusto, que tenía una hija, María, de un anterior matrimonio, se casan. A partir de ese momento, la pareja realiza una serie de estancias de formación por Europa. En la Station Marine de Concarneau, nace su hijo Antonio en 1882. En Nápoles, durante la estancia de Augusto en Stazione Zoologica di Napoli, recibe clases de dibujo y acuarela con el ilustrador científico de ésta, Comingio Merculiano.
La figura de Luisa de la Vega Wetter (1862-1944) emerge este verano en el Museo Marítimo del Cantábrico (MMC) en Santander. «Luisa de la Vega. El arte de ilustrar la ciencia. Una vida caleidoscópica en la historia no contada del Océano» es el título de la exposición temporal, realizada en colaboración con el Centro Oceanográfico de Santander (IEO-CSIC) y que visitarse hasta el 27 de septiembre.

La Estación de Biología Marina de Santander en el Sardinero.
El MMC saca a la luz a esta mujer pionera gracias a los fondos históricos de la Estación Biológica de Santander, y otros cedidos por la Fundación Sierra Pambley de León, el Museo de Ciencias Naturales, la tazione Zoologica Anton Dohrn, de Nápoles, y archivos familiares, entre otros, los trabajos de Luisa de la Vega como ilustradora científica y, con ellos, una «trayectoria» que «refleja la lucha silenciosa de muchas mujeres que contribuyeron al desarrollo de la ciencia y la educación en España en el siglo XX», como señala Lucía Fernández Granados, directora del MMC.
Luisa de la Vega combinó «su pasión por la ilustración con la vocación pedagógica», añade María Izaskun Preciado Ramírez, directora del IEO-CSIC. En una época en que la fotografía era incipiente y no existía el color, la ilustración tenía un papel fundamental en la escuela y fue uno de los recursos pedagógicos que impulsó la Institución Libre de Enseñanza.
En este sentido, los trabajos de Luisa no solo representan especies: enseñan a observarlas y convierten la ilustración científica en una forma de conocimiento. «En sus dibujos conviven el rigor de la observación y la sensibilidad artística», precisa uno de los comisarios de la muestra, Raúl Gutiérrez Rodríguez.
La creación de la Estación Biológica de Santander, la primera de España, en 1886, y la encomendación de su dirección a Augusto González de Linares, fue decisiva en la trayectoria de Luisa de la Vega. «En 1889 se abre la estación en un pequeño hotel de huéspedes y allí permanece hasta 1903 y Luisa trabaja como ilustradora desde 1887 hasta 1901 cuando la cesan porque era obligatorio tener la titulación de Ciencias Naturales, en una época en que las mujeres solo podían estudiar en la universidad con una autorización del Gobierno», apunta Gutiérrez.

Luisa de la Vega con su hijo Antonio y su marido Augusto González de Linares y miembros de la estación.
Desde su casa, donde habilitó un espacio que alquiló como almacén de la estación, siguió colaborando. En 1904 fallece su marido y tres años después se casa con Juan Alvarado, a quien había conocido en 1881 en Valladolid cuando Augusto fue repuesto en su cátedra.
Las segundas nupcias llevan a Luisa de la Vega a Villablino en 1907. De los fondos documentales de la Fundación Sierra Pambley de León, junto con su hija Genara González de Linares (1887-1979), que se convertiría en 1909 en la primera mujer titulada bachiller del Instituto General y Técnico de León (actual IES Padre Isla).
En la Escuela de Enseñanza Agrícola y Mercantil de Laciana, la ilustradora y maestra dio clases de matemáticas, comercio y francés. «Luisa destaca como una ferviente defensora de la educación femenina y la coeducación», destaca la exposición. En 1913, junto a su hija Genara, se encarga de la Sección de Niñas de Ampliación de Instrucción Primaria creada por la Fundación, promoviendo la igualdad formativa, para ofrecer oportunidades similares a las de los niños, y el progreso social.

Grupo de alumnas de la primera promoción de la escuela de niñas de Villablino.
Primero logró una escuela solo para ellas y, en pocos años, logró equiparar los contenidos y que niñas y niños compartiesen el aula. De ello deja constancia su correspondencia en el archivo de Sierra Pambley: «Desearía si en ello no tienen inconveniente, que dos veces a la semana, las niñas tengan en lugar de costura, clases de dibujo».
Representó a España en los Congresos de Círculos de Labradoras y de Enseñanza Doméstica, en Gante (Bélgica) y aportó su visión crítica a este colectivo liderado por mujeres de clase alta, sin dar espacio a las más humildes, como refleja una memoria de la Resudencia de Estudiantes.
Tras la muerte de su segundo esposo en 1914, las tensiones personales y las profundas discrepancias pedagógicas con su cuñado, el también profesor Ventura Alvarado, ponen fin a su etapa en Villablino, dejando atrás su enorme labor y su implicación con la docencia en el ámbito rural para, finalmente, poner rumbo a Madrid en 1916.
Tras años de docencia en el ámbito rural, Luisa se instala en la capital junto a su hija Genara y retoma su vínculo con los círculos pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza.
En el Instituto Escuela de la ILE ofrece clases de francés y empieza a colaborar con dibujos con el Museo de Ciencias Naturales. «La enseñanza y la ilustración científica convergen en una misma práctica, dando forma a una etapa de consolidación en la que su trabajo adquiere una dimensión más estable y visible», como apuntan los autores de la exposición.

Ilustración de una anémona, de Luisa de la Vega.
En 1923 obtiene la plaza de ayundate artístico en el Museo de Ciencias Naturales, donde desarrollará una incansable labor hasta 1943, un año antes de su fallecimiento en 1944. «ste nombramiento supone el reconocimiento institucional de una trayectoria construida a lo largo de años de trabajo constante y discreto», explican Isabel Castillo, Julia Prieto y Raún Gutiérrez, del MMC.
El papel de sus maridos
El papel de sus maridos en la carrera de Luisa de la Vega también es destacado por los promotores de la muestra. «Tanto Augusto como Juan valoraron sus cualidades artísticas y profesionales y no la relegaron al papel de cuidadora familiar, como hubiera podido esperarse de hombres de su época», comenta Raúl Gutiérrez.
La conexión y sintonía de ambos con la Institución Libre de Enseñanza se considera clave en el rol que Luisa de la Vega tuvo como ilustradora científica y maestra, con independencia de ser una mujer casada de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando las mujeres, sobre todo de clase burguesa, empezaron a abrirse paso en la vida pública.
Dafne Vicente, bisnieta de Luisa de la Vega, fue quien desencandenó la confección de esta muestra al dirigirse al Museo Marítimo del Cantábrico, que fue creado en la década de los 70, se abre al público en 1981 y guarda fondos de la antigua Estación de Biología Marina, entre ellos el esqueleto de la ballena más grande que se conoce y una sardina de dos cabezas.

Ilustración de Rhapanticoides SP. realizada por Luisa de la Vega.
La maestra de Villablino que pintó el mar para enseñar los seres y plantas que los habitan y que puso color a la ciencia ha sido reconocida en el proyecto Oceánicas que, desde 2018, rescata el legado de las mujeres pioneras de la oceanografía. Mujeres como Jeanne Baret, botánica francesa que fue la primera en circunnavegar el mundo en el siglo XVIII disfrazada de hombre; Marie Tharp, geóloga marina que, pese a tener prohibido embarcar, elaboró el primer mapa de los fondos oceánicos atlánticos; Ángeles Alvariño, oceanógrafa gallega del IEO y primera mujer en embarcar en un buque inglés, que descubrió 22 especies marinas; o Sylvia Earle, pionera en liderar la Noaa y exploradora de National Geographic.

Ilustración de un crustáceo lofogástrido (Gnathophauisia Zoea)