Alberto Ares, jesuita leonés: "España es motor económico de Europa gracias a las personas migrantes"
El director europeo del Servicio Jesuita a Refugiados, natural de Veguellina de Órbigo, presenta esta tarde a las 20.00 en la sala Fundos su libro «Ser puerta abierta. La hospitalidad en el corazón de la espiritualidad»
Alberto Ares, jesuita de Veguellina de Órbigo.
El jesuita leonés Alberto Ares, director europeo del Servicio Jesuita a Refugiados, presenta este miércoles 5 de agosto en su pueblo, Veguellina de Órbigo, el libro «Ser puerta abierta. La hospitalidad en el corazón de la espiritualidad» a las 20.00 horas en la sala Fundos. Un acto que coincide con los dramáticos acontecimientos que se viven estos días en Ceuta: «Ante realidades que nos llevan a callejones sin salida, polarización, a situaciones de racismo, la hospitalidad nos abre a una realidad nueva, de descubrir en los otros, en el otro, algo bueno». El libro va por su tercera edición.
—¿Cuál es el leitmotiv de esta nueva obra?
—En un contexto de creciente hostilidad hacia las personas migrantes en los discursos públicos, mostramos cómo la hospitalidad puede ser un antídoto frente a esa hostilidad. Narra el trabajo que realizamos desde instituciones de la Iglesia como el Servicio Jesuita a Refugiados y Migrantes o Cáritas. Frente a la instrumentalización geopolítica de la migración, la hospitalidad ayuda a acercarnos a la humanidad y dignidad de las personas para promover encuentros.
—¿De qué manera aborda el libro este concepto a lo largo de sus páginas?
—A través de 11 capítulos, abordamos temáticas como la diversidad y la vulnerabilidad como puertas de entrada para entendernos y vivir juntos con esperanza. No nos quedamos en la teoría: se narran experiencias reales de comunidades y familias que se han abierto a acoger a otros. Las culturas que se abren a otras realidades son las más prósperas. Además, rescatamos el valor histórico de la hospitalidad, presente en la Biblia, en la Grecia clásica e incluso en los pueblos de León, donde siempre había un espacio en casa para el caminante.
—Ante situaciones tan complejas como las vividas recientemente en Ceuta, ¿cómo se gestiona esta visión de la hospitalidad?
"Debemos compadecernos del dolor humano y no confundir un hecho instrumentalizado y dramático con la gestión global de la migración"
—Lo ocurrido en Ceuta, ahora, como antes en El Hierro, Lampedusa o la frontera entre Polonia y Bielorrusia pone al límite a poblaciones pequeñas debido a la instrumentalización política de la migración. Sin embargo, no podemos quedarnos en discursos que polarizan. La diversidad y la vulnerabilidad de nuestras realidades pueden ser una puerta de entrada para entendernos mejor, para vivir en sociedad, para vivir juntos, y para mirar el futuro con esperanza.
—¿Qué lectura hace de la respuesta estatal y de las políticas europeas en materia migratoria?
—Es una canallada utilizar a personas con fines políticos, llevándolas en ocasiones al sufrimiento o a la muerte. El mero control de fronteras y la construcción de vallas más altas no solucionan el problema. España, con sus fallos y aciertos a través de mecanismos como el arraigo social o laboral, ha sido un país motor en Europa en gran medida gracias a la integración de las personas migrantes. El Pacto Europeo de Migración e Asilo pone demasiado el foco en el control y en externalizar fronteras a terceros países, lo cual genera dinámicas de chantaje político. Necesitamos vías legales y seguras. la diversidad, cómo la vulnerabilidad de nuestras realidades pueden ser una puerta de entrada para entendernos mejor, para vivir en sociedad, para vivir juntos, y para mirar el futuro con esperanza. Las políticas de integración tanto de anteriores gobiernos del PP como del PSOE ahora nos han convertido en uno de los países locomotora de Europa, por encima de Francia, Alemania, Inglaterra y está demostrado que las personas que llegan cada año son las que necesitamos en el mercado laboral.
—¿Qué experiencias concretas de acogida se recogen en la obra?
—Se recogen testimonios de comunidades de hospitalidad y familias que acogen a migrantes en proceso de regularización. Convivir bajo un mismo techo transforma a ambas partes: unos encuentran un hogar y una acogida, y otros amplían su mirada sobre el mundo. Son experiencias reales en barrios de Madrid, Melilla y diversos contextos donde la apertura al otro ha dado un nuevo sentido a la vida de las personas.
—El drama humanitario de Ceuta ha conmovido a muchas personas más allá de los discursos sobre invasiones. ¿Cómo se puede ayudar?
—Cada capítulo incluye una parte reflexiva, una experiencia vivida, un cuento o relato —como el diario de un peregrino del Camino de Santiago— y preguntas para la reflexión individual o grupal. El libro ofrece pistas para ejercitar la hospitalidad en lo cotidiano: desde acoger a alguien en casa hasta alzar la voz respetuosamente en la parada del autobús ante discursos excluyentes. Se trata de mirar a las personas por su dignidad y no por estereotipos.
—Como mensaje final frente a sucesos dramáticos en las fronteras, ¿qué postura deberíamos adoptar?
—Primero, compadecernos del dolor humano. Después, no confundir un acontecimiento dramático e instrumentalizado con la gestión global de las políticas migratorias. Hay que contextualizar la realidad y entender que los discursos de «invasión» no se sostienen con los datos reales de las necesidades del mercado laboral ni con la historia. Los propios españoles emigraron en el pasado, muchas veces en situaciones irregulares. O aprendemos a vivir juntos de manera esperanzada o no habrá un futuro próspero para nuestra sociedad. Nosotros hemos ido en otras épocas a otros lugares, a América Latina, al norte de Europa y no siempre con papeles. Necesitamos compañeros de viaje y compañeros de viaje para quienes están trabajando en nuestro campo en León. ¿Quién está cuidando de nuestros pequeños y de nuestros mayores? ¿Quién atiende muchos servicios?