El corazón rojo de piedra que late en Santa Lucía
El recuerdo de Giuseppino y la leyenda que trajo a Gordón desde Venecia, en el homenaje hoy del pueblo a su vecina Carmen Moreno
El corazón que ha recreado Juan Carlos Uriarte para el homenaje a una vecina de Santa Lucía de Gordón.
Lo trajo Giuseppe Favaretto, Giuseppino. Llegó con otros compatriotas desde Italia a Santa Lucía de Gordón atraído por el sueño de la construcción del ferrocarril entre León y Asturias de 1884. Favaretto, veneciano, había cumplido ya los 40 cuando se instaló en el pueblo minero. Soltero, nunca toleró bien la soledad. Así que con él inmigró una vieja leyenda veneciana, una tradición popular que sostiene, aún hoy, que las parejas que tocan juntas el corazón rojo de ladrillo escondido en el arco del Sotoportego dei Pret tendrán amor eterno y que las personas solteras que piden un deseo allí pueden encontrar el amor en un año. Giuseppino Favaretto, albañil y cantero, incrustó un corazón de piedra pintado en rojo sobre un monolito al lado del puente de Santa Lucía, en la Calle de la Fardela, donde vivía. Dicen quienes guardan memoria en el pueblo que acudía allí casi todos los días, a tocarlo, como hacen en Venecia. Luego, colocaba una flor, una rosa o un clavel que a veces arrojaba con dulzura a la corriente del Bernesga, soñando quizá que su petición terminara llegando hasta su tierra natal aunque el río desemboque en el Atlántico. Su insistencia, pese al escepticismo de sus vecinos, dio frutos y terminó encontrando el amor. Se casó con Valeria Gallleottti, nacida en Roma, y cuentan en el pueblo que la ‘pareja del Corazón Rojo de Piedra’ fue feliz. Nunca dejaron de ir al río a acariciar aquella piedra que Giuseppino colocó con tanta devoción y amor. Y así fue como vivieron en Santa Lucia y cocinaron los domingos para la chavalería flitelli, una masa frita rellena de crema o chocolate, o ciambelline, rollitos parecidos a los roscos de vino españoles. Un día, regresaron a su país, pero el corazón rojo de piedra siguió latiendo en el puente leonés para otras parejas.
Ese corazón se convertirá hoy en la ofrenda que Santa Lucía hace a una de sus vecinas, Mari Carmen Moreno. La obra es del artista Juan Carlos Uriarte, que toma el relevo de Giuseppe Favaretto y ha convertido la piedra en belleza. Cien vecinos han respondido al llamamiento de la comisión organizadora, entre la que se encuentra el profesor Alfonso García, columnista del Diario de León y alma de esta iniciativa. Él ha recuperado también la historia de Giuseppino. El homenaje se hará en el Centro Turístico La Galería. Luego, cien comensales se sentarán en el Corral del Tío Santos para homenajear a Mari Carmen Moreno por su «generosa y altruista dedicación para mantener viva la llama y la memoria de Santa Lucía» una labor, añaden, que ha empeñado «con ejemplar entrega». Moreno, mítica profesora del Colegio de las Carmelitas en Santa Lucía, ha mantenido su espíritu docente vivo en varias generaciones de alumnos de la comarca. Ella, como aquel hombre veneciano que llegó para trabajar en el ferrocarril, es memoria de este pueblo.
Después, a las 8 de la tarde, estará en el Corral del Tío Santos Manuel Ferrero, narrador, que revivirá cuentos, poemas y anécdotas de la vida minera y su paisanaje. Le habría gustado a Giuseppino Favaretto todo esto. Y quién sabe si su corazón rojo de piedra en el puente del río dejará de ser sólo memoria de un pueblo y tal vez lata de nuevo para otros amores.