Diario de León

Laura Baena, fundadora de Malasmadres: «Tenemos que permitirnos ser imperfectas y aceptar que no somos superwoman»

La fundadora de Malasmadres y Yo no renuncio ofrece una charla el viernes 6 de noviembre en León en el salón de actos del Ayuntamiento (Alfonso V) a las 19.00 horas

Laura Baena, creadora de Malasmadres, estará este viernes en León.

Laura Baena, creadora de Malasmadres, estará este viernes en León.malasmadres

Ana Gaitero
León

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Malasmadres surgió hace doce años de la necesidad personal de Laura Baena de compartir una maternidad que era de todo menos idílica. Su grito personal se ha convertido en vivencia compartida por miles de mujeres que representan una generación que no quiere renunciar. "Me di cuenta de que no llegaba a ser la madre perfecta, la hija perfecta, la pareja perfecta y toqué fondo". Usó su experiencia laboral en el mundo de la publicidad para desahogarse a través de Twitter con humor e ironía, "contando todas esas situaciones cotidianas que vivía como madre". Y se dio cuenta de que detrás de cada comentario había muchas mujeres que se sentían exactamente igual. 

El detonante fue descubrir que no era la única que sentía que no llegaba a todo, que no disfrutaba de la maternidad a todas horas o que echaba de menos su vida anterior. Necesitábamos escucharnos y dejar de sentirnos culpables por no encajar en el modelo de madre perfecta y de superwoman que nos han vendido.

—¿Cómo logró pasar de desahogarse de forma personal e irónica sobre la maternidad a consolidar una comunidad social de tanta repercusión?

—Muchas mujeres se reconocieron en lo que contaba. Yo no pretendía crear una comunidad ni poner en marcha un movimiento social. Empecé contando mi propia experiencia, pero enseguida descubrí que aquello que me pasaba a mí era, en realidad, un problema social.

Las mujeres empezaron a compartir sus historias, sus renuncias y sus frustraciones. Y entendí que había algo mucho más grande detrás: una sociedad que seguía esperando que las mujeres pudiéramos ser madres, profesionales, parejas, amigas y cuidadoras sin que nada se resintiera, a costa de nuestra salud y nuestro salario. La reivindicación se convirtió en la lucha de una generación que no quiere renunciar. Nació la comunidad, se convirtió en movimiento social y, con el tiempo, creamos la Asociación Yo No Renuncio, para trabajar por el cambio social y ayudar a las Malasmadres con nuestros servicios.

—¿Cuál fue la mayor resistencia o prejuicio con el que se encontró al hablar de «malas madres»?

—La palabra MALA es lo que incomoda más a la sociedad: una mala mujer, una mala hija, una mala madre. Parecía que llamarnos malas madres era cuestionar la maternidad o restarle importancia, cuando buscábamos todo lo contrario. Quise que las mujeres nos apropiáramos de una etiqueta que muchas mujeres utilizaban para juzgarse a sí mismas. Queríamos darle la vuelta y decir: no somos malas madres por querer trabajar, por necesitar tiempo para nosotras, por no disfrutar de cada momento o por reconocer que estamos cansadas. El verdadero problema no somos nosotras, es el modelo de maternidad imposible. Nosotras queremos romper con ese ideal y reivindicar que hay muchas maneras de ser madre y ninguna tiene que pasar por la renuncia personal.

"Parecía que llamarnos malas madres era cuestionar la maternidad o restarle importancia, pero buscábamos todo lo contrario"

—Con las cifras sobre renuncia profesional femenina tras la maternidad que manejan en sus estudios, ¿cuál considera que es la principal barrera estructural hoy en día?

—Un sistema social y laboral que no está pensado para cuidar. La maternidad continúa teniendo un triple coste (laboral, personal y emocional) para las mujeres porque asumimos la mayor parte de las responsabilidades familiares y de cuidados. Hemos constatado que 8 de cada 10 mujeres han tomado decisiones laborales o renunciado a oportunidades profesionales tras convertirse en madres. Y no es que las mujeres no quieran trabajar o no tengan ambición profesional, sino que el sistema sigue esperando que alguien se haga cargo de los cuidados y, demasiadas veces, ese alguien somos nosotras.

La conciliación no puede depender de que una mujer tenga suerte con su empresa, de que pueda pagar ayuda o de que tenga abuelos disponibles. Es un derecho que debe garantizarse desde las políticas públicas, las empresas y una corresponsabilidad real dentro de los hogares.

—¿Qué medidas urgentes deberían priorizar tanto la administración pública como las empresas para hacer real la conciliación corresponsable?

—Necesitamos un Pacto de Estado por la Conciliación que garantice el derecho a cuidar sin que eso suponga perder salario, oportunidades profesionales o derechos. Hay que avanzar en permisos remunerados, servicios públicos de cuidados accesibles y suficientes, protección laboral durante la crianza y medidas específicas para las familias monoparentales y las personas autónomas. Que las empresas asuman su cuota de responsabilidad: horarios flexibles de verdad, capacidad para adaptar las jornadas ante necesidades familiares, bolsas de horas y permisos para atender situaciones escolares, médicas o de cuidados sin penalización salarial.

—¿Cómo abordar la culpa colectiva que sufren muchas mujeres al intentar conciliar su carrera profesional y su vida personal?

—Lo primero es entender que la culpa no nace de nosotras, sino de unas expectativas sociales que nos exigen estar siempre disponibles y hacerlo todo bien. Se nos pide ser buenas madres, buenas profesionales, buenas parejas… No necesitamos más presión para disfrutar de nuestros hijos. Necesitamos más tiempo, más corresponsabilidad y una sociedad que nos permita cuidar sin renunciar a nosotras mismas.

—¿De qué manera ayuda el humor y la ironía a desmitificar la «maternidad idílica» y aliviar la presión sobre las mujeres?

—El humor nos ayuda a dejar que sea tabú y reírnos de nuestros intentos fallidos. Nos permite decir que queremos a nuestros hijos por encima de todo, pero que también necesitamos dormir, trabajar, salir con amigas o estar un rato sin que nadie nos llame.

—¿Qué papel juega la sororidad entre mujeres a la hora de afrontar las exigencias de la crianza?

—Lo primero que dice una mujer cuando nos conoce es “a mí también me pasa”, y ahí se produce algo muy poderoso: dejamos de sentirnos solas y empezamos a entender que muchas de nuestros problemas no son individuales, sino compartidos, son un asunto social.

La sororidad consiste también en dejar de juzgarnos. En el Club de Malasmadres hemos comprobado durante estos años que cada historia compartida es una oportunidad para que otra mujer se sienta comprendida, acompañada y un poquito menos sola. Porque juntas, somos más fuertes.

La unión también nos permite reivindicar. Cuando miles de mujeres ponen voz a una misma realidad, conseguimos que aquello que antes se consideraba un problema privado entre en la agenda pública (eso pretendemos, especialmente ahora ante unas elecciones).

—¿Cómo afecta la sobreprotección y el perfeccionismo actual en la crianza de los hijos a la tranquilidad de los progenitores?

—Vivimos en una época en la que la crianza se ha convertido en una “profesión” con una enorme exigencia. Esto hace que sintamos que no hacemos nada bien. Las redes sociales tampoco ayudan, porque muchas nos dicen que la mayor presión para ser una madre perfecta es por lo que ven en redes sociales. Nuestros hijos no necesitan madres y padres perfectos. Necesitan adultos presentes, que les quieran, les acompañen y también sepan reconocer sus errores. Tenemos que permitirnos ser imperfectas y aceptar que no somos superwoman.

—Tras años al frente del proyecto, ¿cómo gestiona a nivel personal el equilibrio entre su faceta profesional y su propia maternidad?

—Haciendo equipo, dentro y fuera de casa. Tengo un equipo en el proyecto que lleva trabajando conmigo desde los inicios y que nos conocemos y creen en el proyecto al 100%. Para mí Amelia y Maite son pilares fundamentales y apoyo constante. Además teletrabajamos todas al 100% y eso da mucha autonomía y flexibilidad. En casa tengo una pareja, un buenpadre corresponsable a mi lado, sin él hubiera sido imposible seguir adelante con el proyecto. Y algo fundamental en este proceso ha sido la terapia, pedir ayuda cuando no he sabido gestionarlo emocionalmente y volver a mi ciudad a vivir con más calma. Viajo, a veces demasiado, más de lo que me gustaría, pero al vivir en Málaga digo mucho que no y eso me ayuda a elegir mejor. Estoy en el camino, luchando cada día, porque la conciliación no depende solo de lo que hacemos nosotras con lo que nos pasa.

"Vivimos en una época en la que la crianza se ha convertido en una “profesión” con una enorme exigencia"

—¿Cuáles son sus retos?

—Nuestro gran reto sigue siendo el mismo que cuando empezamos: conseguir que ninguna mujer tenga que renunciar a su desarrollo personal y profesional por ser madre o por asumir responsabilidades de cuidado. Queremos que la conciliación sea una prioridad política y social, que se traduzca en derechos y medidas concretas. También queremos fortalecer nuestra red de mujeres y alianzas, porque sabemos que el cambio no lo podemos hacer solas.

—Denuncia el incumplimiento de medidas de conciliación y el borrado de las necesidades de las mujeres y de la agenda feminista ante las próximas elecciones. ¿Hay que desanimarse a votar en estas condiciones?

—Todo lo contrario. Precisamente ahora es cuando más necesitamos participar, exigir y recordar que la conciliación , la igualdad y las familias no puede desaparecer de la agenda política. Desde la Asociación Yo No Renuncio hemos puesto sobre la mesa propuestas concretas para que los partidos políticos las incorporen a sus programas electorales.

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