Las nuevas caras que dan vida a León
Un médico saharaui, una pareja ganadera dominicana, un cura africano y una hostelera ucraniana reflejan el cambio en la población activa leonesa
Yanderi y Luis Eduardo, de República Dominicana, con sus dos hijos pequeños en la nave de su rebaño en Rebollar de los Oteros.
Como dice el médico de Cabrillanes, Mrabih Dahi, «España es un país de oportunidades si haces las cosas bien»... y León también. El número de trabajadores extranjeros afiliados a la Seguridad Social en la provincia se sitúa en 16.739 personas (9,5% del total, 174.720), según los datos más recientes correspondientes a octubre de 2026. Más de 2.000 cotizan en el régimen de autónomos. Son un 25% más que el año pasado.
A este contingente de cotizantes extranjeros se suman los que tienen la nacionalidad por arraigo o a las segundas generaciones llegadas por reagrupación o que emigraron con sus progenitores.
Las personas que vienen de "otros horizontes", como se refiere Jacques Akpro al extranjero, también son un valor para León. Mrabih Dahi es saharaui de origen y español de adopción. A Cabrillanes le tocó la lotería sanitaria con su llegada. La plaza llevaba dos años sin cubrir y cada día iba un profesional distinto. «Los pacientes estaban huérfanos de médico». Mrabih se instaló en Babia, con su esposa y su hijo recién nacido, hace cinco meses.
En Rebollar de los Oteros, Luis Eduardo Martínez Capellán y Yanderi Ogando, de República Dominicana, mantienen con mucho esfuerzo uno de los dos rebaños que quedan en el pueblo, como explotación ovina de leche en titularidad compartida.
Tania Narolska salió de Ucrania a las dos semanas de que empezara la guerra en 2022. Desde hace dos años está al frente de La Estrella, en el barrio de San Mamés de León, un bar de barrio propiedad de sus suegros que ha levantado después de estar cerrado por falta de arrendatarios.
Jacques Akpro, «Santi» para sus feligreses, es un sacerdote de Costa de Marfil que llegó hace diez años a estudiar Teología en Burgos y ahora está adscrito a la actividad pastoral en diez pueblos del sur de León.
León salpica el mundo de emigrantes de diversas olas desde finales del siglo XIX con las grandes migraciones trasatlánticas. Iban a hacer las Américas, aunque la fortuna solo tocara a unos pocos.
Al calor del carbón arribaron emigrantes de interior y no pocos extranjeros. Portugueses, caboverdianos y paquistaníes picaron en las minas y se subieron a los andamios desde los años 70.
Con el nuevo milenio el paisanaje se hizo más internacional. Comerciantes chinos, cuidadoras latinas, jornaleros y pastores magrebíes... El fenómeno de la inmigración crece y cambia el perfil con el avance del siglo XXI. Mrabih Dahi estudió el bachillerato y después cursó medicina en Venezuela y, tras homologar el título, ejerció en Lanzarote, su tierra desde los cuatro años. Cuando se animó a pedir plaza en Castilla y León, el déficit de médicos rurales era una ventaja, pero la vivienda un escollo.
Mrabih Dahi, médico rural de Cabrillanes desde hace cinco meses.
Se planteó vivir en León capital y alrededores y se topó con un muro: «Mucha gente no quiere alquilar. Si eres docente, sanitario o militar, todo bien; pero cuando dices que tienes un niño y luego tu nombre ...», la cosa cambia. «Hay de todo en la viña del señor y por una persona no puedes marcar a un país», aclara.
En Cabrillanes se alinearon los astros. «Entre Pilar, de la Gerencia de Atención Primaria, y Emilio, el alcalde, que se coordinaron muy bien», surgió la solución. Una vivienda rehabilitada por el municipio animó a Mrabih a aceptar el contrato para el centro de salud de San Emiliano.
«La gente de esta zona me recuerda a la España de los 90; son agradables y respetuosos» y la medicina rural ofrece a los médicos otra ventaja: «Tiempo suficiente para conocer al paciente: hablas con ellos y te cuentan sus problemas que muchas veces tienen una raíz anímica», apunta.
Conocer en profundidad a los pacientes es el contrapunto al colapso sanitario. «Tenemos una población envejecida y los adultos mayores no pueden esperar un año para una prueba, porque les va la vida», señala.
«Aquí nos han facilitado todo; somos musulmanes y no hemos tenido ni una mirada mala"
Su plaza no es fija. No tiene el MIR y le pueden mover. «Para la atención al paciente, sería ideal que hubiera un médico estable. No es fácil lidiar con un médico cada día, aunque la enfermera lo facilita todo», añade.
Las montañas de Babia son el paisaje que cubre sus espaldas en la consulta de Cabrillanes. «Aquí nos han facilitado todo; somos musulmanes y no hemos tenido ni una mirada mala», asegura; ahora, el médico, también «es más accesible». En Babia tienen pediatra cada 15 días, matrón una vez al mes y una escuela en Huergas para su hijo, pues escolariza desde cero años.
«Los animales te agarran»
La montaña es el horizonte que se contempla desde las llanuras de Rebollar de los Oteros. En este pueblo está arraigado Luis Eduardo Martínez Capellán que llegó desde República Dominicana de la mano de su madre, siendo adolescente. «Durante catorce años trabajé con una ganadería y cuando llegó la crisis me iba a ir a mi país».
Su madre y su padrastro le animaron a comprar el rebaño de su propiedad y se echó la manta (y muchas deudas) a la cabeza. Ya había aprendido algo de ovejas y con el pago único del paro y la ayuda nueva incorporación se arriesgó. De eso hace cinco años.
«No tengo tierras y eso me ha limitado, tengo que comprar todo el alimento», explica. Poco a poco y «con mucho trabajo» ha afrontado la remodelación de la explotación con nueva maquinaria. «Aquí no hay día libre, ni puentes, ni nada...», subraya. «Lo primero, te tiene que gustar», responde. Y luego, como les pasa a muchos en su oficio, «los animales te agarran».
Luis Estiven, el hijo mayor de Luis Eduardo y Yanseri, llega del colegio de Valencia de Don de Juan.
Luis Eduardo estaba casado en su país y ya era padre de un hijo. Hace dos años, su esposa, Yanderi Ogando, que aún vivía en Río San Juan, se trasladó a León con Luis Esteven y pronto llegaron Yariel, de 24 meses, y la pequeña Yasmeili, de poco más de un mes de vida. Yanderi era maestra en su país, pero pensaron que, ante la escasez de mano de obra y sus estrecheces económicas, ponerse ambos al frente de la explotación como titularidad compartida, con el asesoramiento de Ugal-Upa. «Las inversiones casi nos han costado la ruina; es muy difícil empezar de cero», señala al explicar los apuros pasados para cumplir con un préstamo de la Junta. «Las condiciones deben ser más transparentes; el IVA iba aparte y tuve que asumir 21.000 euros además de los 36.000 del préstamo en un año».
«El rebaño es nuestro medio de vida y vamos a tirar hasta el final. Nos gusta la tranquilidad del pueblo"
«En el campo hay muy pocas personas que empiecen de cero como yo: tractor, ordeñadora...» Todo son gastos. Pero su idea es seguir adelante. Luis Eduardo tiene otros tres hermanos que también se han arraigado en Los Oteros. «Los cuatro estamos trabajando desde que llegamos y nunca hemos dejado de trabajar y eso cuenta para integrarse», asegura el ganadero.
Tania se reinventa
A las dos semanas de estallar la guerra en Ucrania, la vida de Tania Narolska, de 37 años, dio un giro absoluto. Sin plan previo, sin hablar una palabra de español y sin saber siquiera qué era un café cortado, llegó a España el 13 de marzo de 2022. En su país natal había trabajado como operadora de grúa, «fue mi último trabajo», pero la invasión la obligó a cruzar Europa. Tras pasar por Cracovia (Polonia) gracias al apoyo de voluntarios, los bomberos le ofrecieron la oportunidad de viajar a España. A su llegada, ella y su familia vivieron tres semanas con una familia española que les abrió las puertas.
"Me gusta la cocina española, me gustaría poner un restaurante en el futuro; hago taekwondo y canto en el coro de mi iglesia los domingos"
Los comienzos no fueron sencillos. Después de trabajar en la hostelería en Toledo conoció a Javi, su pareja, un leonés con el que emprendió su nueva vida en la capital del viejo reino. Superó la barrera idiomática a base de esfuerzo y con clases de lunes a viernes en la Escuela de Idiomas. «Difícil no, me salió bien porque hablaba con Javi», apunta. Además, encontró refugio y disciplina en la práctica del taekwondo.
Tania Narolska, de la guerra en Ucrania al bar La Estrella, en San Mamés, desde hace dos años
Su integración laboral comenzó en la cocina de un bar, donde trabajó duro durante ocho meses y acumuló largas jornadas. Con el tiempo, dio el salto a la elaboración de raciones. Su experiencia previa y su determinación la impulsaron a retomar un local que llevaba seis años cerrado, propiedad de sus suegros: el bar «La Estrella».
El proceso de puesta a punto fue integral. Tania se encargó de pintar el establecimiento entero y de instalar el aire acondicionado. Para darlo a conocer, repartió folletos por toda la ciudad. La estrategia dio frutos inmediatos: el día de la inauguración, la oferta de paella con consumición atrajo a más de un centenar de personas. Hoy, ya como autónoma, su carta combina con éxito los gustos locales y su propia iniciativa, ofreciendo desde tortilla, bizcocho, pollo y paella hasta hamburguesas, perritos, costillas y garbanzos.
Madre de dos hijos de 19 y 16 años, Tania ha logrado reinventarse por completo. Disfruta tanto del bar como de la gastronomía española que hoy la acoge y, con la vista puesta en el futuro, no descarta un nuevo reto: abrir otro restaurante.
Disfruta cantando en el coro de su iglesia —los ucranianos tienen una celebración dominical en la iglesia de Renueva— y en las celebraciones solidarias con sus compatriotas. El 21 de noviembre actúan en el Nuevo Recreo Industrial.
El 12% de curas son extranjeros
La presencia de población extranjera también llega a la iglesia leonesa. Actualmente, hay 128 sacerdotes en activo en la Diócesis de León, de los cuales 15 son de nacionalidad extranjera: seis de Costa de Marfil, cuatro de Venezuela, dos de Colombia, uno de Nigeria, uno de Estados Unidos y uno de Ucrania. Casi el 12% de la planta diocesana.
Jacques Akpro es uno de los siete africanos que ejercen el ministerio en León. Villalobar, Cabreros del Río y Fresno de la Vega son los tres pueblos principales de la decena que abarca su labor pastoral. «El motivo principal de venir a España fueron los estudios», explica.
Jacques Akpro, Santi, uno de los curas africanos, de Costa de Marfil, en la iglesia de Fresno de la Vega.
«Nos dieron una beca para estudiar en la Facultad de Teología de Burgos, y tras la licenciatura, si el obispo quiere que sigamos con los estudios para conseguir el doctorado, nos unimos a unidad pastoral, pues ya no hay beca», explica.
Yevs Henry fue el primero en llegar a León. Otros dos, incluido Santiago, llegaron tras él. Ahora está Richmond en Sahechores, Tito en Mansilla de las Mulas, Valery en Valverde de la Virgen, Zorobabel en Palanquinos y tres recién llegados, como Alexis, en Valencia de Don Juan, el más joven, Paul Arnó en la residencia diocesana y Adrián en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de La Lastra, donde viven. A este grupo se suma el nigeriano Paulinus.
"Es una experiencia enriquecedora. Vamos aprendiendo el idioma y acostumbrándonos a las tradiciones y la vida leonesa"
«Es una experiencia enriquecedora. Vamos aprendiendo el idioma y acostumbrándonos a las tradiciones y la vida leonesa, a la mentalidad de la gente de los pueblos, la vida en la ciudad y los ancianos», explica en un español fluido. Recuerda como anécdota el día que escuchó a una niña: «Papá, ¿qué dice?». Aquella pregunta despertó algo en su corazón: «Hay que hablar como un niño para que te entiendan todos». Una de las cosas que más le ha sorprendido de los pueblos que asiste en León son las procesiones. «Son preciosísimas, no son diez personas. Es todo el pueblo y la gente viene de fuera. Vienen por obligación moral y biológica», apunta.
Santi quiso ser sacerdote desde niño. «Aprendí a rezar, mi padre me llevó a la catequesis y después de Primaria encontré mi vocación». En cierta ocasión, en una celebración se dijo para adentro que «si el santísimo paraba delante de mí sería sacerdote». La efigie paró y el niño le susurró su deseo. Alguien lo oyó. Pero no no fue hasta antes la edad de la universidad cuando pudo elegir el camino.
Santi, Luis Eduardo y Yanderi, Tania y Mrahbi no se conocen, pero tienen mucho en común. Buscan su porvenir y felicidad en León. Y León se nutre de sus talentos.