Diario de León

Cornada de lobo

Suicidio en paso de cebra

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Se agrandan las ciudades por fuera y se aprietan de hormigueo por dentro. Se anda penosamente entre tanta rueda y chirimbolo. Mucha prisa, mucho reojo malo. Compras, idas, venidas y demasiado paseíto para desaburrir los días de aquí, en las Galias ulteriores. A la calle todos; sobre todo, la paisanada jubileta que estorba en casa; hala, padre, coja la cacha y dé una vuelta, que ya se lo dice el médico. Ellas, las mayores, compatibilizan la visita sacramental en San Marcelo y todos los escaparates que pillen al bies. A la ida y a la vuelta con sus amigas, el murmureo cose sus pasos; no hay títere que quede con cabeza. Ellos rascan tedio en el bar fisgoneando partidas de garrafina o intercambiando información clínica sobre la próstata esferulada o un divertículo pocho, sobre la puta pensión y sobre esos hijos magníficos, bien colocados y totalmente imprescindibles en las empresas en que trabajen, si es que trabajan; dan una vuelta de acopio y recado, se hacen corredores de bolsas del súper y critican toda obra nueva o costumbre aparecida. Algo amargadines sí que se les ve a no pocos, retorcidos como bilortas algunos. Y aburridos, solemnemente aburridos de no ser y no contar. Deambulan haciendo tiempo hasta la comida o la cena. Y andando en este tráfago urbano, se duelen de tráficos, sustos y empujones. Pero en llegando al paso de cebra, se vengan de no sentirse nadie y se disponen a ejercitar su derecho y preferencia. Los coches van como van, es cierto, pero ellos van como son y los hay que se encorajinan cuando les pisan la mano o la pisada al querer cruzar la calle. Y los hay que buscan pieza, el momento y la gresca. Situados ante el paso de cebra, esperan para cruzarlo a que venga un coche y, ya encima, se lanzan al asfalto -qué suicidas- para poder blandir sus derechos a grito pelado enarbolando el bastón: gamberro, desgraciao, gritan. Y hay paisanas que lo mismo: pisan esas bandas anchas de la cebra y cruzan con insultante parsimonia teatral sin mirar a nada y como diciendo estoy en mi derecho e impiunidad, que se jodan, que no tengan tanta prisa. Estiran su estampa como garzas, pero aprietan el culo por si las moscas. Un día se calzan a doña Teo. (Continuará) La marea negra también.

tracking