Diario de León
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PACO MORA
León

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SEIS de cada diez trabajadores españoles se jubilan antes de los 65 años y bastantes de ellos integran las listas de los llamados prejubilados. No se conoce su número, porque siendo una realidad social la prejubilación no está reconocida en el ordenamiento jurídico, pero se calcula que medio millón de personas cobran un salario aunque no van a trabajar y cotizan a la Seguridad Social, aunque en ocasiones ésta pague parte del gasto. José María Aznar, en las pasadas vísperas electorales, dijo que había que acabar con las prejubilaciones, pero sus gobiernos han hecho más bien poco para lograrlo, y ahora la OCDE acaba de recordarle que hay que tomar medidas urgentes para frenarlas y que en lugar de dedicar tanto dinero a prestaciones para los parados y ayudas a los prejubilados, los recursos disponibles deberían invertirse en mantener ocupada a más gente durante más tiempo. Hay que desincentivar las prejubilaciones en los expedientes de regulación de empleo, obligando a las empresas a financiarlas totalmente a través de convenios especiales, pero todavía no se ha publicado, aunque se anuncia como inminente, la orden ministerial para que las empresas paguen todas las contigencias que se deriven de prejubilaciones de sus trabajadores de 55 o más años y no se cubran en parte con cargo a la Seguridad Social. Además, hay casos en los que el coste de las prejubilaciones no se considera un gasto y, por tanto, no reduce el beneficio de la empresa, sino que se carga contra sus reservas para que pase desapercibido para los accionistas, y eso con la anuencia de las autoridades reguladoras. El aumento de la esperanza de vida y el retraso en la edad real de incorporación al trabajo obligan a replantearse los parámetros de vejez y jubilación establecidos hace décadas, aunque éste es un tema hoy pospuesto por los políticos, dada su sensibilidad electoral y la buena marcha de la situación financiera del sistema de pensiones. Pero si no se revisa la edad de jubilación, evitemos al menos que se den facilidades para no alcanzarla. La salida temprana del mercado laboral supone un despilfarro social y una descapitalización, por la pérdida de experiencia, cualificación profesional y autonomía de esos trabajadores. ¡A los 65 años no se está necesariamente fuera de juego! Hay seniors cuyo dinamismo y frescura intelectual harían palidecer a muchos juniors.

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