A LA ÚLTIMA
Ulises Rajoy
EN MADRID se sigue hablando de la buena acogida que tuvo Mariano Rajoy al presentar las rúbricas más destacadas del programa económico del PP para las próximas elecciones. Compareció el candidato ante un público afin que le aplaudió tras anunciar que si volvía a La Moncloa pensaba seguir con la política económica diseñada por Rodrigo Rato- quien por cierto estaba presente en el acto y se le veía muy relajado. El candidato estaba sentado junto al rey de la banca y tenía cerca a varios cardenales de las finanzas españolas, circunstancia que en términos inconograficos tiene su peso y se convierte en mensaje en este mundo tecnoglobalizado de principios de siglo. Impresionaba la concentración de poder alrededor del poder político que representa el propio secretario general del partido en el Gobierno. Era como una encuesta hecha sabiendo ya los resultados de la consulta. Rajoy, que seguramente ha leído a su paisano el añorado Alvaro Cunqueiro, más que a Orestes, jugó, con acierto, a ser Ulises. «Nadie» me ha dejado cie go -clamó Polifemo creyendo que «Nadie» era el nombre del astuto Ulises .«Nadie ha presionado a nadie»- dijo Rajoy, refiriéndose de manera oblicua a las interioridades que explican el recule de Ruiz Gallardón en lo del impuesto con el que quería gravar las viviendas deshabitadas. Todo el mundo miró entonces al esforzado alcalde de Madrid quien, por cierto, aguantó bien el acto y salió sin prisa del aprieto que supone acudir a un acto público en un día en el que la foto de uno está en todos los periódicos. Aunque no es Castelar y es más dado a leer que a improvisar, Rajoy acertó a decir bien lo que quería decir ante un público predispuesto en cualquier caso a coincidir con él. También anunció reformas en las normas que regulan el mercado laboral y eso -aunque no hubo debate- suena a segundo asalto tras la derrota que supuso la huelga general. Como no concretó las mencionadas medidas quizá no se trata exactamente de lo mismo. De no ser así, si es un intento de reeditar aquel «decretazo» que provocó las grandes movilizaciones que todos recordamos, entonces, tengo para mí que la candidatura del candidato tendría que hacer frente a oleajes no previstos hasta ahora por las encuestas. Desde luego, Ulises nunca habría vuelto a la cueva de los cíclopes.