CRÉMER CONTRA CRÉMER
Una noia y un soldat
EL ENSAYO GENERAL con todo de la representación electoral catalana ha concluido sin novedad en el frente. Tanta satisfacción de todos ha terminado el encuentro que todos los que en la contienda intervinieron han salido satisfechos, proclamándose vencedores de hecho. Desde este rincón de las castillas y de los leones frenéticos, la cosa puede que no nos parezca lo mismo. Ni el Partido de Pujol ha conseguido dominar el movimiento electoral ni el partido del señor Maragall a pesar de conseguir el mayor seguimiento ha logrado imponerse a la hora del reparto. De modo y manera, como diría nuestra ínclita y nunca bien entendida ministra de los Exteriores, todo sigue igual. Los herederos de Puyol heredan una comunidad en la cual han dominado durante veintitrés años y los socialistas seguirán proclamando el triunfo numeral de las izquierdas, aún cuando este detalle no sirva para modificar el curso de los ríos. Y nosotros, castellanos y leoneses, continuaremos esperando que las generales de marzo -¡qué los dioses nos libren de los idus de marzo!- nos traigan el cambio al que nos referimos como si de él dependiera nuestra felicidad personal. Las grullas del Capitolio informativo, con esa arrogancia y osadía con que vienen contribuyendo al despiste general, han venido apuntado signos y ofreciendo datos mediante los cuales intentaron dominar la tendencia del electorado y convencer al oyente o al lector de que las cosas sucederán como ellos dijeron y escribieron y que el futuro del país sigue estando en manos del tercer o del cuarto poder, según se considere. Y yo. Creemos que ha llegado el momento en el que, por nuestro entendimiento de la realidad, abandonemos la fidelidad hacia los medios de comunicación, tal como aparecen compuestos en la actualidad y consideremos que no porque los poderes influyentes dispongan de mecanismos para enderezar la torcida disposición del electorado, a la hora de la verdad, ésta va a concedernos la gracia del acierto. Lo único bueno y decente que tienen o que pueden tener las elecciones es que ni siguiera los doctores de la iglesia, que también se meten en política, consiguen establecer el estado y la dirección de la voluntad popular. El ejemplo de Cataluña ha sido definitivo. Ni los ex puyolistas ni los socialistas, ni los del PP residual han conseguido llevar el gato al agua. El único que verdaderamente puede alardear de haber superado todas las dificultades y haber alcanzado sus previstas posiciones, ha sido la Ezquerra Republicana. Y esto, salvo manipulaciones retóricas y metafóricas para confundir a la afición, es todo un toque de atención. A la vista, pues, de estos resultados y de sus antecedentes, cabe poner en tela de juicio la importancia y la eficiencia de la política practicada por el partido gobernante durante los últimos siete y ocho años, bajo la absoluta voluntad de un personaje poco brillante pero obstinado, el cual ha legado a un gallego que acaba de convencerse de si debe subir o bajar, un país contradictorio de muy difícil diagnóstico. De lo cual se deduce, dicho sea para aviso de caminantes, que las Generales desde las cuales se piensa en «otro cambio» pueden depararnos sorpresas y acaso nos obligarán a entender que ya no valen los trucos retóricos ni los ofrecimientos artificiales para arrancar los granos a esa granada de las elecciones. Si de verdad ha sonado la hora de las izquierdas aquí va a arder Troya. ¡Y nosotros sin servicio de incendios!