Tardes de zapeo
LO QUE llaman el ocio activo va a acabar con los nervios de más de uno. Los tiempos aquellos en los que la actividad característica del ocio consistía en dormir la siesta en una tumbona se han vuelto eléctricos desde que existe la tele, la radio, la cadena de música y ahora el internet. El ocio ha llegado a estar marcado por todas las formas posibles de zapear, que ya no es sólo cambiar de canal cuando aparece la publicidad, sino hacerlo mientras se navega por internet buscando y buscando sin encontrar exactamente lo que uno quiere, sino miles de otras cosas que se le parecen, con los auriculares puestos en el cd o el programa de radio y todo ello multiplicado por el número de miembros que tenga la familia y la competitividad que mantengan entre sí por imponer su gusto a los demás, aprovechando los cortes de publicidad y los intersticios de la navegación por la red. Y encima el móvil, y que si te mando una foto mía y me mandas una foto de tu primita, esa que dices que está como un tren, y que me vas a presentar en el botellón que hemos montado los colegas para eso. La tarde se va avinagrando conforme avanza la sesión familiar de ocio activo, acrecentado por la verdadera insustancialidad de zapear entre la multitud de ofertas extraordinariamente parecidas, de manera que da lo mismo empezar por una peli y seguir con otra de ese horario familiar porque en realidad son la misma peli igual de tonta y de aburrida que se confunde con los mismos anuncios en las distintas cadenas que cada vez se parecen más a pelis tontas y aburridas. Para mantener entretenido al espectador una tarde de fiesta, rivalizan en hacer todos lo mismo a las mismas horas por la radio, por la tele, por internet, todo entrecortado, salpimentado de anuncios que interrumpen, más el picoteo de una cosa a otra sin encontrar nunca lo que estabas buscando sino miles de cosas parecidas pero mucho menos interesantes para tí. Los programadores presumen de conocer a la audiencia y de servirle lo que quiere, pero esa audiencia nunca eres tú, nunca da en la diana, sino cerca en un consumidor parecido a ti pero de aspecto y gustos mucho más sosote y blandorro, qué le vamos a hacer.