CRÉMER CONTRA CRÉMER
El hombre en la luna
Y TODO se lo deberemos a Don Bush, el Emperador que vino del Norte. No conforme con haber ganado la guerra a los persas, mediante el uso de armas absolutamente civilizadas y eficaces, con apenas unos millones de muertos sobre las tierras calcinadas de Irak: y con haber retenido en formidables mazmorras a los míseros vencidos en Afganistán y haber dominado la situación en el trasero de los Estados Unidos, en la Conferencia celebrada en el país de México lindo. Y cuando el mismo padrecito de la Gran Patria Universal de la Coca-Cola, está dispuesto a decretar la distribución de papeles entre inmigrantes ilegales, llegados principalmente del mismo México lindo de Jorge Negrete, ha decidido, se supone que después de la correspondiente consulta con su Club de los Cerebros y los sabios anabaptistas de su religión (si fuera esta verdaderamente la fe de los Bush y no el petróleo), bueno, pues al cabo de tantas meditaciones, de santísimas muertes de rebeldes afganos, iraquíes, guantanameros y demás miembros de la secta del mal, anunció, a bombo y explosión de bomba inteligente, que su país, o sea, la capital de todos los países de la tierra se dispone a colocar, no un hombre, sino un pelotón de soldados, en la luna. Y todavía, bajo el signo de fábrica del vencedor de los talibanes, llegará la mayor demostración de sabiduría, de técnica, de capacidad industrial y de obediencia debida, colocando en la misma pérfida luna, una estancia espacial, pero con estación de parada en la Luna, a fin de que los americanos puedan pasar sus vacaciones sobre las arenas doradas de la romántica Colombina de nuestros poetas del ochocientos. La iniciativa, que ha provocado alteraciones en el sistema solar y entre los comerciantes de corales, está dejando, a medida que se van conociendo algunos de los datos de tan memorable reto científico, huellas profundas de tensión. Porque si este propósito de Don Bush se llevara a cabo, ¿no sería convertida la luna en prisión preventiva, como Guantánamo, como la isla de Santa Elena fuera para el inefable Napoleón, y los señores americanos con mando en plaza, no destinarían a sus enemigos a cultivar remolacha forrajera en la luna? ¿Qué será de nosotros, españolitos de Doña Ana Palacio cuando a lo peor, la justicia, cediendo a las sabias indicaciones del Emperador, nos de por considerar como terrorista a todo aquel que no acepte lo de la guerra preventiva, como medida de urgencia para resolver nuevo conflictos?... Lo cierto es que, de la mano tutelar de Don Bush nos encaminamos hacia una nueva Edad Media, que diría Verdiaeff. Y todos los españoles estamos muy ilusionados y dispuestos. Porque tal como dice el inevitable inconformista que en todos los países existen, al fin y al cabo, más vale la Luna con rancho, que Marbella sin trabajo y con la Pantoja. Desde este crudo alcor hispano, siempre la mejor servicio de Don Bush, nuestro señor, queremos hacer llegar a donde fuera menester, nuestro homenaje, nuestro reconocimento y nuestro vasallaje, a quien de manera tan providente, está ya preparándonos nuestro definitivo lugar de estacionamiento. Al fin y al cabo, la luna no tiene por qué ser peor que Guantánamo.