Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

No debatieron en balde el uno y el otro alcalde

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VICTORIANO CRÉMER
León

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¡HOLA! No sé si cuando este parte de guerra electoral aparezca en los boletines oficiales de guerra de Trillo, la lucha habrá sido dada por terminada y los vencidos, derrotados y humillados, habrán rendido armas y banderas. Y esta ignorancia mía se debe sin duda a que me siento envuelto en la más densa confusión. Ya ni sé quién es el que maneja los resortes y dicta las estrategias, ni tampoco o sobre todo, si la victoria se les ofrece por los dioses a quines sepan construir frases más atinadas y bellas, como por ejemplo, las que el mentado señor Trillo, ministro de nuestras guerras, ha pronunciado en forma de brindis en Alicante: «Me hubiera gustado -vino a decir, sobre poco más o menos- tomar parte en la reconquista de la plaza para cabras de «Perejil» y que los pescadores españoles pudieran echar sus redes en aguas marroquíes». Es toda una proclamación gloriosa que recuerda a las que la Historia registra para conocimiento y ejemplo de generaciones, como aquella otra frase pronunciada también por un marino tan ilustre como el señor Trillo, con motivo de la guerra que los Estados Unidos se sacaron de la manga para arrojarnos de Cuba, de Filipinas y del destino que nos correspondía. En esta oscuridad política en la que me desenvuelvo a veces oigo voces, como Juana de Arco, que me sitúan ante la realidad electoral. Y un alcalde, por ejemplo, que fuera en cierto modo popular en nuestro Consistorio, Don Juan Morano Masa, ha ocupado dos páginas de este periódico, para explicarnos no ya solamente las características del evento electoral, sino su disposición a tomar parte en un debate, cara a cara o cruz a cruz, con Don José Rodríguez Zapatero, candidato para la Moncloa. El señor Morano, valientemente, no se conforma con enfrentarse al candidato socialista por León, don José Antonio Alonso, sino al jefe, al principal, al que se supone más autorizado lo que mueve a pensar que en el alarde existe un poso como de manipulación personal, dado que el elector entiende que retar al señor Zapatero implica de salida un gesto del cual siempre sacará provecho el retador, resulte vencedor o derrotado en las urnas y este premio no le sería otorgado si el encuentro dialéctico fuera con el verdadero opositor. En tanto y en cuanto que otro de los protagonistas principales, el señor Amilivia, calla y cuida en silencio sus posiciones. A los leoneses, llamados a las urnas, todos los candidatos le parecen valientes y dignos y honrados, mientras no se demuestre lo contrario. Y si les encantaría asistir a la pelea, no sería, no debería ser para ver cómo se desollaban vivos, como se insultaban y agredían, sino por comprobar, a través de sus programas, programas, programas, quien resultaba más idóneo para cubrir el puesto que todos tienen allí... León, que es tierra remisa en conceder favores, lo contrario que la Dolores de la copla, respeta a sus alcaldes. Para los leoneses, pese a las dificultades de justificar este sentimiento, todos los alcaldes son buenos, y admirados y queridos. Lo que ya es motivo de duda es si el mecanismo que mueve las corporaciones funciona como debiera y como León necesita.

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