| Crónica | Un ensayo general en Copenhague |
Letizia, una «royal» más
Las familias reales de toda Europa se volcaron en demostrar a la joven asturiana que será bien acogida en su seno, tal y como la reina danesa dijo a su nuera australiana

El príncipe Felipe y su prometida, en un íntimo momento del baile en honor de los herederos daneses
Letizia Ortiz, prometida del príncipe Felipe, llamó la atención por el espectacular vestido rojo que lució en el banquete nupcial de la boda de Federico, heredero de la Corona danesa, y la australiana Mary Donaldson. En su primera gran cita con la realeza mostró un aplomo envidiable, una sonrisa franca y fácil y una charla distendida, aunque sin poder evitar alguna que otra mirada de incredulidad ante lo que estaba viviendo. La futura Princesa de Asturias fue acogida nada más entrar en la sala del banquete por Ernesto Augusto de Hannover, marido de la princesa Carolina de Mónaco, quien la abrazó cariñosamente. Las cámaras de la televisión danesa, presentes en la carpa bajo la que se celebró la cena, mostraron a la futura Princesa de Asturias conversando con la princesa heredera de Suecia, Victoria, y saludando con una genuflexión a la reina de Dinamarca. La boda real danesa fue la presentación ante la realeza europea de la prometida del príncipe Felipe de Borbón, quien departió, tal vez un poco más tensa que el resto, con los otros príncipes y princesas que formaban el elegante grupo de invitados. El banquete nupcial en el Palacio Real de Fredensbog, al que asistieron 400 invitados de distintas Casas Reales, el Gobierno danés y la familia australiana de la novia, seguido de fuegos artificiales cerraron las festividades organizadas para la boda de Federico y Mary Donaldson. El amor de un príncipe El príncipe Federico reservó sus mejores gestos en el último de los cuatro discursos que se pronunciaron durante la cena. En él, habló del «extraordinario sentimiento de felicidad» que Mary había creado en él, y se dirigió al padre de su mujer para recordarle que desde hoy «ella me pertenece a mí y yo a ella». El heredero de la Corona danesa recordó cuando él y Mary se conocieron hace cuatro años en Sydney: «tu brillo apareció claro y fuerte para mí desde el primer encuentro; desde entonces, he estado cegado y enganchado a él». Se refirió a ella como «la luz en horas de sol que elimina toda la oscuridad de la tierra». «Ahora se trata sólo de nosotros, juntos por primera vez, jóvenes, inocentes, enamorados, sólo juntos», añadió el príncipe, quien concluyó diciendo: «te quiero, Mary, vayamos juntos, a través de miles de mundos nos espera el amor ingrávido». La reina Margarita dio la bienvenida a su nuera «con los brazos abiertos», y destacó de ella que había ayudado al príncipe a descubrir su «verdadero yo», así como la «pureza de su alma». John Donaldson, el padre de la novia, bromeó al especular sobre cómo reaccionarían sus antepasados, que habían luchado por expulsar a los vikingos de Escocia, al ver cómo ahora se unían «el vikingo Federico y Mary, del clan de los MacDonald». El padre del novio, el príncipe consorte Enrique, recordó en el discurso que abrió el banquete el «sí» que se dieron la reina y él hace 37 años y dijo a la novia que «desde el primer momento» le llamó la atención su «reserva y su sentido del deber, que sólo tienen parangón con la fuerza de su amor por Federico». El padre del novio, el príncipe consorte Enrique, recordó en el discurso que abrió el banquete el «sí» que se dieron la reina y él hace 37 años y dijo a la novia que «desde el primer momento» le llamó la atención su «reserva y su sentido del deber, que sólo tienen parangón con la fuerza de su amor por Federico». En el banquete nupcial se sirvió caldo de marisco del Mar del Norte, venado de los bosques reales, un «vol-au-vent» de espárragos que llevaba el nombre de «Unión perfecta», y un postre de chocolate blanco llamado «Príncipe heredero y princesa heredera». Los vinos y el champán procedían de Francia, país natal del príncipe Henri.