Diario de León
Publicado por
FRANCISCO SOSA WAGNER
León

Creado:

Actualizado:

EL BESO puede considerarse un himno, una ofrenda, la oración del amor que se dice con los ojos cerrados y como en tránsito. Hay aguafiestas que no ven en el beso sino el intercambio de gérmenes y de la periodontitis o la gingivitis de la misma manera que hay quien no ve en el espectáculo del ballet sino el sufrimiento de los pies de la bailarina. Lo mismo ocurre con los toros para quienes no aciertan a comprender el misterio y la belleza del rito que se desarrolla en el ruedo. Allá ellos con sus fúnebres melindres y tediosas visiones. El beso, decía, es un canto que lleva la música de la pasión siendo el mejor envoltorio de los mimos. El beso suspende el pensamiento y deja el raciocinio convertido en un asquito, toda cordura abandonada, en vilo el espíritu. Los besos que se han dado como dios manda figuran en el calendario de nuestras vivencias como una festividad profana y pueden marcar el inicio de esas estaciones personales que todos tenemos en nuestras vidas, solo parcialmente coincidentes con las del año lunar. El beso es bello y elegante y ha de saberse que, cuando los revolucionarios franceses reclamaron la libertad, en realidad estaban reivindicando fundamentalmente la libertad para besar en los jardines de Luxemburgo y junto al Sena en las anochecidas, al aire libre, pues entonces solo permitía el rey besar en privado y a la luz de las velas a señoras con pelucas ahítas de liendres. A partir de ahí el beso se hace callejero, vagabundo, bribón, pícaro, liberal, siempre generoso y a la búsqueda de amantes agradecidos dispuestos a practicarlo. Un beso de esquina por ejemplo equivale a una confesión auricular en toda la regla pues absuelvede pecados mortales de los antiguos y, además, la esquina lo agradece mucho ya que suaviza sus aristas, que tanto le duelen como la artrosis que son de las esquinas. A veces besar es la mejor manera de que dispone el humano para ponerse al mundo por montera que es lo que se merece este mundo abotagado de vulgaridad y de lugares comunes. El beso se convierte entonces en un corte de mangas amplio y convincente a ese público respetable que tan poco respeto merece (por previsible y tedioso). El beso transporta al limbo y a un campo sembrado por Venus con semillas de alientos y de respiraciones que se suicidan apenas nacidas. Besar es como encender una antorcha y alumbrar con ella las galerías del placer para deambular hasta allí donde acoge nuestros humores un río en pleno alboroto. Ahora hay anuncios en los periódicos que aseguran que tal o cual producto lácteo refuerza las defensas naturales, convertida así nuestra naturaleza en una especie de plaza fuerte medieval con sus almenas y sus torres del homenaje. Los yogures, por ejemplo, y las isoflavonas (que merecieron hace meses los honores de una sosería), y lo mismo muchas de esas medicinas con las que compramos la vida en dosis y gota a gota. Aclaro, como especialista, que, si alguien busca en el beso un refuerzo de ese tipo de defensas, se equivoca porque el beso es justamente lo contrario: las ablanda, las abate y menos mal porque maldita la falta que hacen, tan engreídas como resultan. El beso las deja adormiladas, inermes ante el vaivén de adorables e inacabables vacilaciones. El beso es así la pócima que desgozna, que desarticula y nos convierte en muñecos portátiles. Por eso he dicho que el beso transporta. Naturalmente me estoy refiriendo al beso de ley, bendecido por los mejores sacramentos, no al beso que se da en la mano al señor arzobispo que es desaborido como lo es el beso en las pantuflas del papa, «osculum fidei» que decían los latinos. Este mío es un canto al beso afrutado o, si se prefiere, al beso sacado del horno de nuestras entretelas como un gran asado crujiente y chorreante. Ha de administrarse de forma parsimoniosa, con todo el tiempo por delante, con la calma propia de las venganzas orientales, como si el tiempo a nuestro alrededor se hubiera descolgado del horizonte y anduviera vagando pidiendo una segunda oportunidad. Beso pues pleno de matices, de sutilezas. Antisindical.

tracking