Diario de León

LITURGIA DOMINICAL

Su ascensión y la nuestra

Publicado por
JOSÉ-ROMÁN FLECHA ANDRÉS
León

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CELEBRAMOS hoy la fiesta de la Ascensión de Jesucristo a los cielos. De niños nos imaginábamos una subida física, al modo como nos la pintaban los artistas, como Giotto, Mantenga y Rembrandt. En su famosa oda, Fray Luis de León evocaba al «Pastor santo» que, «rompiendo el puro aire», se iba «al inmortal seguro», mientras una «nube envidiosa» dejaba pobres y ciegos a «los antes bienhadados y los agora tristes y afligidos». Mucho antes que él, San Agustín se detenía más en el símbolo que en la realidad visible. Al predicar sobre la Ascensión del Señor, subrayaba su vinculación con todos sus seguidores: «El fue ya exaltado sobre los cielos; pero sigue padeciendo en la tierra todos los trabajos que nosotros, que somos sus miembros, experimentamos». Esa misma solidaridad se encuentra subrayada en el prefacio de esta fiesta. En él se nos dice que el Señor «ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino». 1397124194 Una triple fiesta La fiesta de la Ascensión nos invita a celebrar las grandes riquezas de nuestra fe. He aquí algunos motivos para la fiesta: - Jesús ha sido glorificado. Su vida y su mensaje revelaban la presencia de la divinidad. Su muerte no fue un fracaso. Sin dejar de ser humano, todo lo suyo, entraba definitivamente en ese ámbito sagrado de Dios, que habitualmente llamamos el cielo. - La comunidad de los seguidores de Jesús no ha quedado huérfana ni ociosa en esta tierra. No están huérfanos los que cuentan con su cercanía y su presencia. Y no pueden permanecer ociosos los que tienen que hacer de este suelo una digna morada de todos los humanos. - Toda persona ha sido llamada a vivir en la esperanza. El pasado, tantas veces olvidado, ha dado a luz este presente turbulento. Y el presente ha de ayudarnos a sembrar las semillas del futuro que Dios desea para sus hijos. Esta es la fiesta de la glorificación de Jesucristo, de la tarea de la Iglesia, de la vocación de todo hombre. Una tarea para hoy En el evangelio de hoy se recogen unas palabras de Jesús que parecen la última consigna para sus discípulos: «Vosotros sois testigos de esto» (Lc 24,48). ¿ Testigos de los padecimientos del Mesías. Acostumbrados a nuestras comodidades, preferimos imágenes de Jesús que no muestren una gota de sangre. Pero no podemos olvidar que somos los seguidores de un justo injustamente ajusticiado. ¿ Testigos de la resurrección de Jesucristo. Atenazados por la guerra y la impostura, por el mal y por la nausea, no debemos caer en el desaliento. El Señor Resucitado nos recuerda que Él ha vencido el mal y nos convoca a la vida. ¿ Testigos de la conversión y la remisión de los pecados. Habituados a denunciar la maldad que los demás van sembrando a su paso, olvidamos nuestra propia responsabilidad. El que sube a los cielos nos invita a todos a convertirnos para alcanzar la paz. - Señor Jesús, «tú que por el camino del amor descendiste hasta nosotros, haz que nosotros, por el mismo camino, ascendamos hacia ti». Amén.

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