Diario de León
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LUIS ARTIGUE
León

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CADA AÑO una gema tallada, una lúcida demostración de que todo tiene gracia, de que nada es para tanto, de que caen bombas y chuzos de punta pero aquí seguimos... Entre las cosas que merecen la pena podemos contar aún, una vez al año, con la última obra de Woody Allen y su banda sonora de jazz. Aquí viene. Aquí está. Todas las películas de este autor y personaje tienen algo de atobiográfico, mucho de la vida cotidiana de todos nosotros y cuarto y mitad de ese esperpento multinacional que es Manhattan. Reírse desde allí del poder económico y del orgullo patrio de Estados Unidos se parece un poco a corregir el mundo, a mejorarlo todo, a cambiar la Historia... Hay un cine efecista y vacío que se limita a entretener, distraer y subliminalmente a manipular, sí, pero existen también esas otras películas que reflexionan divertidamente sobre el rumbo del hombre contemporáneo. Películas que nos tratan de mejorar porque, como el propio director dice por boca de su personaje: «Yo trato de darles a los jóvenes un poco de cultura para que no se maten a cadenazos». Hace ya varios meses que tuve la oporunidad de verla en otra ciudad, pero en León, en esta gran capital del prioritario cine basura, no ha sido hasta ahora que se ha esrenado Todo lo demás . Se trata de una ingeniosa historia sobre los jóvenes ilusionados y los veteranos consagrados y hastiados; también habla acerca de la parte débil en las relaciones de pareja, sobre el miedo al fracaso, el vértigo del éxito y la mediocridad como medida actual de todas las cosas. «Te aconsejo que vayas a California -dice a un joven amigo el personaje de Woody Allen-. Seguro que te irá bien. La gente más imbécil de este país va a California y se forra». El cine de Woody Allen representa, en medio del pobre panorama de los estrenos de la cartelera, un acontecimiento para minorías, una medida de la calidad social, un elogio de la inteligencia, una demostración de virtuosismo y un recordatorio de que el cine fue una de las Bellas Artes, y ahora es un mero negocio. En España está de moda la llamada comedia gamberra tipo Torrente, Airbag , Días de fútbol y demás familia. Esto es, que está de moda la parte menos ética que llevamos todos dentro hecha celuloide sin estilo, ni contraste, ni la más mínima pretensión moral, ni nada. Solo hay ganas de explotar nuestra peor condición para que personas que se autodenominan «director» vivan a lo grande. Parafraseando a Woody Allen la gente más imbécil de este país se mete a director de cine, hace mala comedia y se forra. Pero aún existe, aunque cueste que se estrene en León, el cine cómico de verdad; el que conserva algo de la genialidad de Groucho, de la maestría de Billy Wilder y del hermoso oficio de los grandes del cine mudo; ese cine que nos describe, desmonta, emociona, ilumina, divierte y, de algún catárquico y mágico modo, nos intensifica la existencia. Esa alta comedia habla sobre la vida sin alejarnos frívolamente de ella porque es un espejo deformante de la misma. Si la alegría y su luz se vuelven un elogio de la vitalidad; si la ironía parece hoy la mejor revolución y el mejor cuchillo; si la inteligencia la consideramos aún deseable, cultivable y admirable no nos podemos perder Todo lo demás , porque no llega a obra maestra como algunas otras películas de este autor, pero se trata ciertamente de una pequeña maravilla. ¿Saben? Woody Allen es el Antonio Pereira del cine.

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