CORNADA DE LOBO
Lana de lino
NOS ABOCHORNA y nos exige Europa que delvolvamos de una vez toda la lana que le sacamos al lino, aquel cultivo engañifa que reinventaron los listos de la estrategia agraria para sacarle viruta a los cuartos comunitarios, vagones de viruta en los que durmieron su cohecho cargos del pepé, barandas autonómicos, aquel chollo de sembrar para nada y quemar la cosecha en el que se mojaron políticos y cargos, técnicos, síndicos y tocristo que pudo y pilló cupo. Nos pasamos. Y por todo el morro nos pasa Europa otra vez nuestra ladronería celtibérica: devuelvan ustedes la morterada y el carretillo. A los astilleros españoles les exigen también que devuelvan un montón gigantesco de millones que se colaron por la trampa de reconversiones subsidiadas. Ya nos vale. Qué vergüenza. ¿Estafan los fondos comunitarios de igual modo los alemanes, franceses o italianos? ¿Conocen en estos países la picaresca o lo resuelven con un atraco directo en la comisión parlamentaria pertinente o impertinente?... Qué mundo. Imagino a un diputado holandés cruzándose con un funcionario letrado español y, hurtándole la cara y el saludo, le espeta al bies un ¡robaperas, que sois unos robaperas!... Imagino el bochorno. Y me imagino que estos precedentes de flagrante estafa pesarán en nuevas negociaciones agrícolas y penalizarán nuestras pretensiones o demandas en no pocos aspectos: «a esos no les deis nada, que se lo fuman y se lo gastan en vino o un chalet de doble fondo». Nicanor, en su pueblo, se rasca el cogote echando la gorra sobre las cejas: pues como nos jodan la Pac, apaga y vámonos. Cuando nos corten el grifo, ¿quien nos enchufará la manguera, Rajoy o Zapatero, por la boca o por detrás?... Nos hemos acostumbrado a vivir de gorra y con la gorra en la mano, o sea, desprotegida la sesera, estamos expuestos a insolación segura y delirante. Pero el chollo agrario se acabará algún día, pero el pispo del Julianín ya tiene previsto para entonces vender el tractor, la empacadora y arrendar sus tierras o venderlas, comprarse piso en la ciudad y meter unos dineros en un negocio de motos y cacharros que le va medianamente bien a un viejo amigo que vendió hace años vacas y rebaño. Julianín lo tiene calculado, mientras ríe por debajo y proclama en sus adentos «que me quiten lo amarrao».