Diario de León

VENTANA ABIERTA

La responsabilidad de la crisis

Publicado por
ANTONIO PAPELL
León

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EL ESTUDIO que ha confeccionado el grupo parlamentario socialista sobre la crisis económica desencadenada por el alza exorbitante del precio del petróleo resume, con discutible acierto, diversas obviedades sobre la realidad ya conocida de la actual coyuntura internacional y obtiene conclusiones y sugerencias que poco aportan a las políticas gubernamentales ni contribuyen a la generación de confianza en la tarea del Ejecutivo y en el porvenir de este país a corto plazo. El documento tiene como objetivo principal recordar a la ciudadanía lo que ésta ya conoce: que la guerra de Irak, desencadenada por el gobierno norteamericano y aplaudida calurosamente por el anterior gobierno del Partido Popular, es una de las causas principales de la inestabilidad mundial y del encarecimiento del precio del crudo. Aquella guerra, desencadenada al margen de Naciones Unidas y en contra de la voluntad de algunos miembros de la comunidad internacional, ha incendiado la ya sobrecalentada región del Próximo Oriente, y no sólo está impidiendo a Irak explotar y exportar a pleno rendimiento sus yacimientos petrolíferos sino que ha arrojado dudas sobre la solidez de los regímenes del Golfo Pérsico. Para el grupo socialista, el 30% -porcentaje a todas luces arbitrario- del alza del crudo se debería a la «estupidez política» de la guerra de Irak. Los otros factores son los conocidos. Es extemporáneo -y con toda probabilidad irritante para buena parte de la opinión pública- reprochar al gobierno anterior su conocida complicidad con Bush en la guerra de Irak, que con toda seguridad se habría producido aunque España se hubiera posicionado en contra. El pueblo soberano, consciente del grave error de Aznar, desalojó al PP del poder el 14-M, con lo que las responsabilidades derivadas de aquella alineación han quedado zanjadas y no tiene sentido volver a cada momento sobre ellas. Ahora, de lo que se trata es de mirar hacia delante, de minimizar los factores adversos y de procurar que, aun con algunas ráfagas de viento en contra, este país no salga de la senda ininterrumpida de crecimiento y prosperidad que emprendió desde 1995. Resulta en todo caso disparatado que el gobierno, basándose en el supuesto lastre de «la herencia recibida», augure el «empobrecimiento inexorable» de nuestro país y, en lugar de estimular la confianza de los agentes económicos y sociales, vaticine una subida de la inflación, un menor crecimiento económico y la caída del consumo, que es actualmente en España uno de los principales motores del desarrollo económico. Quien gobierna está en la obligación de desarrollar una labor psicológica positiva y de impulso a la clase empresarial que tiene la iniciativa de la inversión y el empleo. El quejumbroso lamento del grupo socialista parece indicar que el Ejecutivo ha desistido ya de impulsar la recuperación de este país por el único procedimiento realmente útil: el recurso al rigor económico y a la estabilidad presupuestaria. Habrá que ver qué dice Solbes de todo este pesimismo, pero es muy probable que el experimentado vicepresidente económico se haya llevado las manos a la cabeza al tener conocimiento de este mensaje pesimista que en modo alguno facilitará deslizamiento del actual modelo de crecimiento, basado en la construcción y la demanda interna, en otro más evolucionado y sostenible que se apoye en una mayor productividad, en más inversión, en el desarrollo del I+D y en una mejora del sector exterior. Mal presagio lanza, en fin, el informe socialista sobre el futuro. Y las malas vibraciones sólo desaparecerán si el Gobierno deja de mirar atrás y se pone a realizar una política económica rigurosa, firme e imaginativa. Una empresa que todavía, por cierto, no ha comenzado con el énfasis debido.

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