La primera mascota oficial de unos Juegos fue Waldi, un perro salchicha modelado a partir de un perro real, Cherie von Birkenhof.
Este castor un tanto aburrido fue el símbolo de la cita canadiense. Se llamaba Amik, que en una lengua indígena norteamricana significa castor.
El oso Misha fue una creación del afamado ilustrador infantil Victor Chizikov. Su nombre completo era Mikhail Potapych Toptygin. Tenía una pareja, la foca Vigri, que se ocupaba de los deportes náuticos.
El águila Sam representaba a los Juegos de la ciudad angelina y, de paso, a toda la nación estadounidense. Fue diseñada por dibujantes de Disney.
Hodori fue el nombre elegido para la mascota coreana, entre 2.300 opciones remitidas por los coreanos. El lado amable del tigre está presente en muchas leyendas del país.
Mariscal arriesgó con este diseño surrealista de un perro. Pero Cobi acabó triunfando, igual que la cita olímpica catalana.
Uno de los casos más caóticos de mascota, Izzy (abreviatura de su verdadero nombre, Whatizit, o lo que es lo mismo, qué es eso) cambió de forma incluso durante los Juegos. No será recordada.
Ollie (un kookaburra), Syd (un ornitorrinco) y Millie (un puercospín), tres animales típicos australianos que representaban aire, mar y tierra.
Phevos y Athena (Apolo y Atenea) son los protagonistas en Atenas. Basados en unos muñecos tradicionales griegos, representan la unión entre la antigüedad y los Juegos actuales.