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VOLVIÓ AYER de vacaciones Lito el de los seguros. En el camino se cruzó con uno de esos accidentes brutales que rellenan con carne picada las estadísticas. Se agüevó y aplazó prisas. Hizo comentarios el chaval: ¿y a este cuánto le vais a estafar?... A que te ganas un guantazo. Es la tensión de la vuelta y del interruptus. Paró a comer en un restaurante de carretera porque aún era pocas las estocadas de chiringuito que lucía en el morrillo y en la cartera. Llegó a casa a media tarde. Aún hubo más bronca con los chavales y el preceptivo morro de parienta, habitual, es tradición. Tras acarreo de bultos, se sentó en el sofá y encendió la tele. ¿Ya está aquí el puto fúrbol?, alegó ella. Cambió a un programa de color chicle, dijo tópatí, se levantó y anunció: mañana me voy a Babia. Hoy es su último día de vacaciones y lo quiere tópaél. También es tradición. Siempre se guarda un día último para garbear al tuntún por sendas y calderetas. Tira siempre a Babia, es la querencia, pero hoy pondrá proa de bota al Valle del Marqués y al puerto de Sancenas, desde cuyo balcón se ve lejana la ciudad en su nube de agobios, trampas y escaparates. Septiembre le provoca a Lito un desasosiego y bastante melancolía. Las tardes se acortan, sopla viruji, se anuncia muerte otoñal y tiene la impresión de que siempre repite curso. Otra vez al acarreo. Lo siente así desde la escuela. Se deprime un tanto, pero le consuela la desconocida novedad, el cambio de libros y pupitre, los cuadernos nuevos e impolutos, los viejos amigos y los nuevos. Septiembre siempre se preña de morriñas, pero huele a nuevo y a propósitos, aunquee acaben siendo tan huecos como los de fin de año. Hay quien se aburre de vacación y añora volver al trabajo. Lito se pone malo y lo anestesia con esta escapada a la montaña, mete pan, chorizo, queso y vino en la mochila y comulgará con la vida junto a un chozo ayudado de navajina y reflexiones. Allí verá al pastor y envidiará su calma solitaria y su suerte. Y el pastor le envidiará a él, que tiene toterreno y los aires señoritos del sobrado. Charlará un buen rato de todo y de nada con este rabadán de sí mismo. Le preguntará si está casado, le dirá que no y Lito se deprimirá un poco más. Cada cual renegará de su suerte, pero volverán hoy a lo suyo, resignadamente, a pelear, a perrear. La vida es un destino de guerra.

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