CRÉMER CONTRA CRÉMER
El alzhéimer mata
DÍAS PASADOS se celebró, de manera muy diversa allí donde efectivamente tuvo eco la llamada de atención, el Día Mundial del alzhéimer... sufren en España esta enfermedad realmente angustiosa nada menos que ochocientas mil personas. La ciencia, al parecer está ya en la vía de los remedios. Aseguran los que de verdad saben algo, que mediante la utilización de células madre, se podría dominar el mal. Pero también, sin conocer exactamente por qué sinrazón, alguien, algo o demasiados verdugos de la humanidad oponen reparos a los métodos aconsejados para el exterminio del mal. Que Dios, que sus dioses perdonen a los inconscientes. Porque el alzhéimer, como el SIDA, como el cáncer, como la diabetes, como tantos otros acosos arrastra consigo millones de seres humanos que han de comprometerse a cuidar y servir al enfermo hasta su muerte, muriendo ellos un poco también cada día. El alzhéimer, señoras, señores, militares, paisanos, clérigos y seglares, es un castigo que -¡ay, Señor!- no nos merecemos. Los Organismos oficiales y oficiosos, las ONGS y demás instituciones misericordiosas contemplan doloridamente la panorámica pero nada hacen o muy poco que sirva para ayudar a mal vivir a los familiares implicados y para peor morir de los enfermos. Yo he asistido a la enfermedad del alzhéimer en amigos y les contemplado cómo se desnacían silenciosamente, oscuramente, miserablemente. Los Organismos oficiales y oficiosos de este país nuestro de cada mala noche, segregan de sus presupuestos cantidades ingentes para atender a cuadros deportivos de perra gorda y se agravara la situación de los olimpistas y fuera necesario movilizar medidas extremas como por ejemplo, la construcción de un territorio para correr detrás de una bola o para acoger concursos de carrera a pelo, los Organismos, los ilustres padres de la patria, no dudarían un momento en echar mano al cajón del pan de los pobres para satisfacer una necesidad que consideran de obligado cumplimiento, en tanto y en cuanto en algún rincón oscuro de la vivienda un ser humano, ya convertido en vegetal, muere poco a poco. El alzhéimer es como una condenación bíblica. Y lo tremendo de esta situación es que aquellos que tienen la obligación práctica y ética de asistir a sus convecinos porque para eso les eligieron, se contentan con ensayar gestos de condolencia, sin que se les ocurra, al menos, utilizar los fondos -a veces utilizados para la puesta en marcha de ocurrencias vanidosas- para promover y asegurar el gobierno benemérito de centros de acogida y atendimiento de estos enfermos sin remedio. Por favor, que nadie entienda que sugerimos que les sea negado a los deportistas o a los ocurrentes, o a los vanidosos aparenciales las ayudas que sean de ley y de razón, pues no sólo de caridades bien entendidas viven los Municipios, las Diputaciones o los etcétera, pero ¡esos tremendos enfermos de alzhéimer! ¡Esas angustiadas familias condenadas a ver morir y a morir sin remedio! La atención de estos sufrientes bien merece una misa...