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TAMBIÉN el Partido Popular libra su batalla de Madrid. Los bandos están muy delineados. A un lado los partidarios de Esperanza Aguirre, al otro quienes siguen las zancadas de Alberto Ruiz-Gallardón. Los partidarios de la presidenta de la Comunidad de Madrid son, por decirlo así, los ortodoxos, entendiendo por tal la forma conservadora de ver la política, mientras que los partidarios del alcalde, se llaman a si mismos renovadores y tienden políticamente al centro. La pugna entre los dos sectores viene de lejos pero saltó a la calle a raíz del descabezamiento de Pío García Escudero. Era el presidente del partido en Madrid, quería seguir siéndolo y contaba con el apoyo de Ruiz-Gallardón, pero la presentación de la candidatura de la propia Esperanza Aguirre le ha obligado a retirarse. Ruiz-Gallardón contraatacó con un órdago: Manuel Cobo tenía que ser el candidato único a la secretaría general del PP en Madrid. Pero Aguirre es mucha Aguirre y no transigió. «No acepto presiones ni chantajes», ha dicho. Y en eso están. Con las espadas desenvainadas y a la que salta. La presidenta cuenta con el apoyo de la prensa conservadora y el alcalde con los afines al PSOE. La batalla está cargada de claves políticas que exceden el ámbito específicamente madrileño. El PP de después de Aznar anda algo perdido entre sus dos almas: la aznarí y la ucedea y del desenlace de la batalla de Madrid pueden derivarse consecuencias de alcance nacional porque para nadie es un secreto que pese a las decisiones tomadas en su reciente congreso, el PP atraviesa por una fase de transición. Los partidarios de Esperanza Aguirre la ven como veían los conservadores ingleses a Thatcher cuando estaban desesperados buscando a un candidato capaz de vencer a los laboristas. A Ruiz-Gallardón ya se le oyó decir en el mencionado congreso que rumbo tomaría el PP si fuera suya la responsabilidad de manejar el timón. La batalla de Madrid es tan clásica en términos de elementos que por tener, tiene hasta observadores. El principal se llama Rajoy. Es el nuevo jefe del partido, pero él, no se moja. Sigue fiel al estilo que tantos frutos le hizo cosechar cuando estaba en el Gobierno. Alguien debería decirle que ahora está en la oposición. Claro que puede que esté esperando a ver el resultado de la batalla de Madrid para acudir en socorro del vencedor.

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