Diario de León

LITURGIA DOMINICAL

Orar sin desfallecer

Publicado por
JOSÉ ROMÁN FLECHA ANDRÉS
León

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CASI nunca hablamos de la oración. Y menos aún de nuestro modo de orar. Sentimos un pudor inexplicable. Y tememos parecer beatos. Reconozcamos que nos resulta difícil la oración. Tal vez hemos pensado que podemos prescindir de Dios. Parecemos convencidos de que por nosotros mismos podemos solucionar nuestros problemas y los de nuestro mundo. La realidad desmiente esa creencia. Aun cuando oramos no lo hacemos con la atención que hay que poner en las acciones más importantes. Ni lo hacemos con la confianza que se merece un Dios que es nuestro Padre. Y además, nos cansamos pronto de orar. «Hay que orar siempre sin desanimarse». Esa frase de Jesús motivó uno de los comentarios de San Pedro Poveda sobre la perseverancia en la oración. Así escribía él en 1920: «Una mirada retrospectiva nos convencerá de nuestra falta de perseverancia. Hemos orado unos días y hemos dejado la oración otros muchos; cuando nos movió el fervor fuimos asiduos en la oración; cuando nos faltaron los consuelos sensibles la dejamos; en el tiempo en que nos era más necesaria desfallecimos¿». El icono de la viuda En el evangelio de hoy Jesús cuenta la parábola del juez y de la viuda (Lc 18,1-8). Él «no temía a Dios ni le importaban los hombres». Y ella acudía constantemente al juez para que le hiciera justicia. ¡Malas credenciales para un juez! ¡Y buenas cualidades para quien se siente ignorada y aplastada! En el evangelio de Lucas aparecen varias viudas. Ana, la profetisa que acoge a Jesús niño en el templo. La madre del joven que Jesús resucita en Naím. La que acude insistentemente ante el juez. Y la que entregó al templo lo poco que tenía. En la sinagoga de Nazaret Jesús recuerda además a la viuda de Sarepta que acogió al profeta Elías. Por fin, increpa a los escribas que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Se diría que la mujer viuda aparece aquí como un icono de la pobreza y el desvalimiento. Su indefensión la convierte en el símbolo de la humanidad que necesita ayuda, pero también, en el modelo de la comunidad creyente que sabe descubrir en los profetas Elías y Jesús el paso de Dios por la historia. El padre y los hermanos Si el juez termina por atender a la viuda, ¡cuánto más Dios escuchará y hará justicia a sus elegidos! La parábola es una lección sobre el Dios que escucha y sobre el creyente que lo invoca. ¿ «Hay que orar siempre sin desanimarse». Con esa decisión de ponerse en su presencia para presentarle nuestra petición o nuestra acción de gracias se manifiesta ya una fe madura y serena que sabe confiar en Dios, a pesar de su silencio. ¿ «Hay que orar siempre sin desanimarse». Con esa constancia se manifiesta la tenacidad de nuestra esperanza que pone los ojos en las manos del Señor, como miran los ojos de la esclava las manos de su señora, según cantaba el salmo. ¿ «Hay que orar siempre sin desanimarse». Con esa dedicación que da sentido a la vida del creyente se reconoce el amor de Dios a sus hijos, se alimenta el amor que éstos le tienen y se manifiesta la preocupación que les merece la suerte de sus hermanos. - Señor Jesús, que nos diste ejemplo de oración en medio de la dedicación que mostrabas a los marginados, presenta al Padre celestial la oración que constantemente le dirigimos por medio de ti. Amén.

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