CRÉMER CONTRA CRÉMER
Se vende León a cachos
ESTO ES como Jauja, pero con impuestos. La Excelentísima, que Dios guarda, el Ayuntamiento que la guardia municipal defienda y la Caja de los ahorros de los leoneses adultos, entre otros estamentos no menos generosos, están que lo tiran. Lo venden todo: los edificios, sean históricos o eclesiales, sean parcelas o poblados a la deriva. La Excelentísima ha asombrado a la parroquia con el anuncio de prorratear el territorio leonés del Monte San Isidro, para la construcción en sus espacios de nada menos que siete hoteles, siete, y no menos de trescientas viviendas para su venta a plazos como es costumbre. El Ayuntamiento, ya lo hemos venido denunciando o informando, anda con que si La Lastra se comercializa y con que si el agua se privatiza. Y así hasta quedarnos en lo que realmente nos permitan: en una tierra para turistas birmanos y en un lugar en donde los habitantes se dediquen especialmente a los servicios de hostelería y similares y al entretenimiento de cofradías para el mayor esplendor del espectáculo de la Semana Santa. Y es lo que, con la habitual ingenuidad de la sociedad leonesa, se pregunta el personal superviviente: «Pero bueno, vamos a ver: ¿Qué coña hacemos con siete hoteles de cuatro estrellas en el territorio? La plaza dispone, según me susurra la vecina de la terraza de enfrente, de cerca de más de diez hoteles más o menos estrellados, y según dicen los responsables del programa de acomodo de viajeros, sobran hoteles. Lo que faltaban son hospitales, y escuelas y seguridad ciudadana, pero hoteles, querida amiga, hay para meter en ellos a todos los inmigrantes de patera que llegan a nuestras costas. Se supone, con fundamento, que esta tendencia o vocación por el establecimiento de casas de comidas y de bebidas y de centros culturales y feriales, es fruto de la vocación mercantilista de los leoneses de pro y de menos pro, que también los hay, pero en honor a la verdad y mirando el porvenir, cabría rogar humildemente a quien correspondiera que frenaran este arrebato venal de los señores responsables de nuestros dineros y moderen su ímpetu para el gasto, para la venta y para la gitanería. León necesita atenciones, pero no precisamente hoteles, ni museos, ni palacios para congresos de música medieval. Lo que León requiere, implora, son cosas de menos resonancia en los papeles y en las pantallas, y más pan blanco. Con sus tendencias para el lanzamiento de euros, en la rebatiña provocada por la generosidad de los dineros -que son del común, no de los presidentes, ni de los alcaldes, ni de los diputados, ni de los clérigos- lo que estamos demostrando es que estamos que lo tiramos. Y de Cacabelos, ciudad de mucho sentido común esparcido por sus calles y de mucho cargo de conciencia, nos llega la noticia que debiera traducirse, con carácter de urgencia, a todos los organismos que cobran por nómina del Estado: El alcalde, ha decidido reducir en una cantidad estimable su asignación mensual y se agrega que el Ayuntamiento -el de Cacabelos, no vayan a confundirse ustedes- se ahorrará más de 24.000 euros al mes en sueldos de sus políticos... ¡Eso sí que puede ser un camino para la regeneración de la especie, y no la creación de nuevos hoteles!