Diario de León
Pedro García Trapiello

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AQUEL POBRE chaval del curso de mi hermano murió con el corazón reventado porque tenía una cardiopatía congénita que le sofocaba a las tres zancadas y le obligaba a racanear esfuerzo, cosa que desconocía o entendió como vagancia y falta de espíritu deportivo aquel fraile legionario que odiaba a los maulas gobernando gimnasias de la tropa colegial y le castigaba a dar vueltas al campo. Violencia escolar vuelve a denunciarse hoy cuando la familia del suicidado Joquim de «Fuenterrabiaba» alude a otros casos de acoso. La violencia de ayer no fue menos; esta de hoy es heredera. Los chavales no obedecen, imitan, sobre todo cuando venializamos su insolencia, su irrespetuosidad y creciente macarrería en centros o calles, su lenguaje bestia, la actitud matona, sus «derechos» a burlarse y los «bureos» que hacen al débil. De lejos viene la cosa. Tiremos de recuerdo. Kike, con su contrahechura, sólo resistió en toda su vida un día de aula, el primero, y jamás volvería a clase. Le malmetieron puyas sus compañeros desde el primer minuto y le burearon. Kike estudió por sí, su aula fue su habitación y sus ganas de saber le hicieron más listo y persona que todos ellos. A Efrén Villanueva (nombre supuesto por ocultar identidad) jamás le consintió la peña escolar jugar con ellos al fútbol ni de portero. Mató su tiempo adiestrándose en lecturas con tebeos y salgaris. Cumplió venganzas convirtiéndose en chivato. No le gusta recordar el colegio porque le hicieron ser nadie. Hoy es concejal, aunque sigue siendo algo chivato. Castro Soria tenía poca rudeza viril y ponía caritas de teresiana, le llamaban nena. Acabó saliéndose, dejó estudios y dos años después, en Madrid, se tiró por la ventana de su cuarto. Baudilio, que era de Posada, también se despachó sin cumplir los veinte reventándose el pecho con la escopeta de su padre; se orillaba en sus lecturas y virtuosismos de guitarra, dejó el convento, volvió al pueblo y no aguantó desprecios de mozos y quintos que se mofaban de sus modos y hablares. Y aquel gafotas de la escuela particular de doña Amparo, bureado y burlado por cegato, se malició y se hizo escudero de un chulo de putas; le acabaron pegando dos tiros en un pueblo paramés y le pasaron el coche por encima... Ese pasado puede ser raíz de aquesto, amigo Sancho.

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