Diario de León

Para su recolección son necesarios calzado cómodo, una navaja curva y una cesta de mimbre

Castilla y León ofrece una amplia oferta de hongos comestibles

Si se quiere evitar las intoxicaciones, deben cogerse sólo las setas que se conozcan perfectamente

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Miguel J. Tré - león
León

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Aunque todos los años aparecen en el suelo de nuestros prados, bosques y florestas gran variedad y cantidad de setas, su recolección en Castilla y León apenas contaba con seguidores. Sin embargo, en los últimos tiempos la afición se ha disparado y son legión las personas que, especialmente en otoño, salen al campo en su búsqueda. Tanto es así, que su recogida está dejando de ser un entretenimiento familiar para convertirse en una actividad que mueve millones de euros, con industrias conserveras y transformadoras en Soria, León, Ávila y Zamora. El comercio de estos hongos es, después de la madera, el aprovechamiento forestal más importante y en el caso de los níscalos, las trufas o los boletos su producción supera en muchas ocasiones a las de resina, corcho o caza. Porque, además de proporcionar beneficios que pueden paliar las necesidades socio-laborales de los núcleos rurales, favorece que se orienten hacia los propietarios de los terrenos o a los habitantes de la zona. Respetar el medio ambiente La recogida de setas tan sólo necesita de un calzado cómodo para caminar por el campo, una navaja curva para cortar y no arrancar los ejemplares, una cesta de mimbre para permitir la aireación de los ejemplares recogidos y la caída al exterior de las esporas y, respetar el medio ambiente. Para posibilitar la reproducción se deben recolectar sólo aquellos que se vayan a aprovechar, desechar los pasados o rotos, no dañar las setas desconocidas o que no sean comestibles y no remover el suelo alterando la capa vegetal superficial. Tampoco hay que coger todas las que se vean y, si hay pocas o el año es seco, conviene dejarlas. Igualmente, se deben rechazar las cercanas a las carreteras porque suelen contener metales pesados tóxicos. Además, es aconsejable no coger las setas muy jóvenes, por su dificultad de identificación o confusión con otras que sean tóxicas; las que tengan mal olor, las de pequeño tamaño con o sin anillo y las de coloraciones fuertes o muy llamativas. Y, por último, olvidar los abundantes trucos y consejos que existen en la creencia popular para descubrir qué especies son comestibles. Lo mejor es consultar a un experto, acercarse a una Sociedad Micológica y desdeñar aquellos ejemplares que no se conozcan perfectamente. Cada año se intoxican en Castilla y León una veintena de personas por no tomar las debidas precauciones. Los primeros síntomas aparecen a las pocas horas de la ingesta y se manifiestan como una gastroenteritis, siendo recomendable acudir al hospital lo antes posible. Una vez en casa hay que revisar una por una todas las setas que se vayan a consumir y, las que no sirvan, en vez de tirarlas al cubo de la basura, devolverlas al campo porque desempeñan un papel ecológico muy importante. Tras su limpieza pueden guardarse en el frigorífico hasta su consumo, aunque no conviene que esa estancia supere las 24 horas. No se deben comer crudas porque en general son difíciles de digerir. A la plancha, al horno, hervidas, en revueltos, rehogadas o con arroz y patatas son algunas sencillas recetas para su degustación.

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