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VICTORIANO CRÉMER
León

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HE DE HACER UNA CONFESIÓN previa: No conozco el libro que la Fundación Villalar, por lo visto, avala, ni me parece lo suficientemente importante como para temer que toda la historia y hasta la prehistoria del Reino de León se derrumbe y nos quedemos los leoneses como los turolenses, como los sorianos y hasta como los de la dulcísima tierra santa de Ávila. Repito que no conozco el libro que tantísimos clamores ha levantado, aunque, en mi condición de hombre pacífico amigo de los libros y de la contemplación mística de los astros, no creo que el suceso, el desliz o lo que fuere el tal libro sea o pueda ser motivo para declararle la guerra a Valladolid. Ni la capital de la autonomía tiene la culpa de que existan en su ámbito escritores ocurrentes, ni por el hecho de que el más libre y correoso de los tales escritores se le ocurriera discurrir -es un decir- sobre los antecedentes históricos de la Legio Séptima Pía Félix, atribuyendo a los resultados de su indagación de los leoneses y de León por tanto la condición fantasmal de no existentes en la realidad sino solamente fruto de la invención de algún calenturiento historiador de la casa, tampoco digo, es para que el Municipio, la Diputación, el Cabildo Catedral, la Universidad en su veinticinco aniversario fundacional, se rasguen los uniformes más o menos talares y declaren, urbi et orbi, al autor del texto «persona nos grata», que es algo así como si al tal señor se le retirara el pasaporte para viajar libremente por esta tierra nuestra de garbanzos. Bastaría con proclamar oficialmente, desde la municipalidad por ejemplo, que León existe de verdad, aunque un tanto desdeñado por las fuerzas con poderes para la gran confirmación histórica, para que el honor de la patria quedara salvado. Por otra parte o por la misma, tampoco entiendo cuáles son los fundamentos jurídicos o institucionales para que cualquier cantamañanas que se le ocurra negar la existencia de tal o cual pedanía escriba una majadería que afecta a la realidad de esta o de la otra ciudad, región o comunidad de vecinos y no sea inmediatamente sometido a juicio y si a ello se llegara, a instalarle entre los internos del acogimiento obligatorio de Mansilla de las Mulas. Lo de declarar persona non grata a un señor de Villalejos por ejemplo, parece una trivialidad, dado que el tal sujeto, le importará un pito que le declaren grato como que le cantes Marina . Sin embargo, y sea esto adelantado como una mera opinión, lo que me parece más digno de atención es el amparo que la Fundación Villalar pudiera haber concedido al autor de la fábula. A esta entidad sí que cabe, o cabría exigirla responsabilidad, más aún si se tiene en cuenta que todavía se presiona sobre León para que se incorpore a la tal Fundación Villalar, buscando de esta manera la cohesión, el entendimiento y la luna. No parece, señor de la sala, que sea éste el medio o el modo de atracción más eficaz. León, como Valladolid, como Bollullos del Páramo existen y se les es obligado el mismo respeto y admiración histórica que el más ínfimo de nuestros poblados. Que salga de entre las matas un arriscado escopetero amparado en una Fundación todavía en vías de desarrollo, poniendo en tela de juicio la existencia histórica de León o de Santa María del Desierto, parece más que una injuria digna de ser incluida entre los personajes ingratos, una seria responsabilidad de la tal Fundación Villalar.

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