Diario de León
Pedro García Trapiello

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ANTES, cuando el oportunismo o la traición lo ordenaban, la gente cambiaba de chaqueta. Hoy lo que se cambia en estos casos es de color, porque en tocando a chaquetas y gustos ya no nos diferenciamos nadie y vamos más o menos uniformados al dictado de escaparates y de lo correcto. Las modas dicen tararí y todos desfilamos. Así que ahora la forma de distinguirse del otro o del atrincherado enfrente estriba en el color, de ahí la proliferación de tanto colorín histérico y pastelería cromática. Cambiaron de color, por ejemplo, los populares, a los que hoy les puedes pedir una bombona porque parecen una sucursal de butano por culpa de ese adoptado color naranja con el que han traicionado su tradicional azul militante, viejo azul mahón de flechas y pelayos que se fue diluyendo en un azul celeste que a los obispos encantaba o un azul braguita ideal para fondo de escenario con Aznar en el ambón o la pantalla. Pobre azul, color puro y primario. Lo repudiaron... quizá por eso, por auténtico. Y es que llegó Rajoy con aires de zumo y aquí está el naranjito (se sospecha que el exprimidor no andará lejos). El naranja sale de una mezcla de rojo pasión con amarillo envidia, o sea, ni chicha ni limoná, pero mola hoy en modas y tendencias porque así lo aconseja ese Fondo Internacional del Color que tiene su sede en Estados Unidos y corresponsalías de picudos orientadores en todos los paises occidentales. Ese Fondo es el que fija o indica a fabricantes de todo el mundo e industrias de ropa o coches los colores que serán dictadores en los próximos años para que proliferen hasta el atraganto. Ahí está el naranja demostrándolo ya. En las tiendas de Ucrania ya no queda tela alguna de este color porque arramplaron con toda ella los opuestos al régimen pro ruso para hacerse pañuelos, banderas, pancartas y hasta calzoncillos con los que soñar la erótica algo nocturna del envenenado Yuvschenko. Ese color naranja con el que ahora viste sus promesas el pepé era, sin embargo, más indicado para los socialistas a quienes el rojo puro, el viejo rojo de grito y rebelión incomoda y casa mal con las chaquetas de caro paño merino hasta el punto de que de este color rojo ya no les queda nada en casa que no sea el trapo de la bandera , un fondo de logotipo y alguna corbata de Rubalcaba.

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