Diario de León

LITURGIA DOMINICAL

En la jornada de la paz

Publicado por
JOSÉ ROMÁN FLECHA ANDRÉS
León

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LOS CATÓLICOS comenzamos el año celebrando la fiesta de Santa María, Madre de Dios. En ella tratamos de descubrir el estilo de la mujer creyente que puede orientar n uestros pasos en el cami no del Evangelio. Además, este día es para nosotros la Jornada Mundial de la Paz. Para este año, el Papa ha elegido un lema tomado de San Pablo: «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence el mal con el bien». El panorama del mal es aterrador. El mensaje papal nos dice que «al contemplar la situación actual del mundo no se puede ignorar la impresionante proliferación de múltiples manifestaciones sociales y políticas del mal: desde el desorden social a la anarquía y a la guerra, desde la injusticia a la violencia y a la supresión del otro». El Papa recuerda la situación del Continente africano, la peligrosa situación de Palestina, el fenómeno de la violencia terrorista y el drama de la guerra de Iraq. Seguramente, cada uno de nosotros podría ir pensando en situaciones concretas y cercanas en las que se puede experimentar el zarpazo del mal. El mal como desamor Todos podríamos señalar unas cuantas causas de esta situación. Al menos, las causas penúltimas. Porque la causa última es siempre la misma, aunque nos cueste reconocerla. El Papa dice que «al buscar los aspectos más profundos, se descubre que el mal, en definitiva, es un trágico huir de las exigencias del amor». Los seres humanos hemos sido creados para vivir en comunidad. No estamos solos. No podemos desentendernos de los demás. Por tanto, «para promover la paz, venciendo el mal con el bien, hay que tener muy en cuenta el bien común y sus consecuencias sociales y políticas». La solidaridad de todos para con todos nos llevará a actuar de otra forma. El Papa señala algunas de las urgencias que se abren ante nosotros: «Baste pensar en la lucha contra la pobreza, la búsqueda de la paz y la seguridad, la preocupación por los cambios climáticos, el control de la difusión de las enfermedades». Todo esto exige medidas políticas, nacionales e internacionales, pero también gestos personales concretos: «Ningún hombre, ninguna mujer de buena voluntad puede eximirse del esfuerzo en la lucha para vencer al mal con el bien». La victoria del bien Ese lema, tomado de la carta de San Pablo a los Romanos (Rom 12,21) nos queda sonando como una consigna inolvidable desde el comienzo mismo del año: -«Vencer al mal con el bien». En las relaciones interpersonales podemos y debemos aprender a poner armonía donde había hostilidad y a poner amor donde antes había indiferencia, desdén o rechazo a los demás. -«Vencer al mal con el bien». La comunidad política puede dejar de hablar de una vez de la crispación de que ella misma se alimenta y empezar a pensar en las necesidades más urgentes y concretas que atenazan a los pueblos y a las naciones. -«Vencer al mal con el bien». La Iglesia y las demás comunidades religiosas habrán de aprender a actuar como palabra y reflejo de la presencia divina a la que se refieren para convertirse en agentes de paz y de concordia. -Santa María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, intercede por este mundo al que has dado a tu hijo Jesús, para que podamos conseguir el ideal de paz que Dios ha pensado para nosotros. Amén.

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