EL PULSO Y LA CRUZ
Entrando en agujas
EL AÑO Jubilar de León va entrando en agujas. Nos acercamos necesariamente a los tiempos fuertes de celebraciones, romerías, peregrinaciones y actividades culturales, que han estado aparcados para situarse en estos meses en que mejora el tiempo y la tradición provoca (Cuaresma, Pascua, mes de mayo...). El caso es que hoy mismo se abre el capítulo de la apertura a las indulgencias por sectores. Son las cofradías penitenciales de la capital las que hoy se acercan a la Catedral, junto a los restos de San Froilán. Lo harán procesionando desde la parroquia de San Martín, tan emblemática para la vida cofradiera, y después de haberse preparado con prédica de la Palabra y penitencia del Sacramento. Se notará, seguro. Créanme. Mañana es el Día de Hispanoamérica y de los Misioneros diocesanos. Una jornada con larga trayectoria en la vida de las diócesis españolas, que -no lo olvidemos- aportan a la Iglesia el mayor contingente de misioneros entre todos los países del mundo. No viene mal recordarlo. Como un orgullo y como un reto. Desgraciadamente se barruntan cambios importantes en este contexto. Llegará el día -alguien lo ha dicho- en que misioneros africanos vengan a evangelizar a Europa. Y España es Europa. Y más -o menos; según se mire- después del referéndum de hace quince días. El lema ya apunta, con variantes, por ahí: «América recibe y nos envía misioneros». El Club juvenil «La Huella» de Villablino es una de las realidades más dinámicas de la comarca de Laciana; lleva más de veinte años en la brecha de abrir puertas a la cultura alternativa, a la revitalización de las viejas costumbres y al ejercicio de la solidaridad con los más desfavorecidos. En este caso se han echado a la espalda la iniciativa del «bocata solidario» contra el hambre en el mundo, en coordinación con Manos Unidas. Del bocata... y de la botella de agua. Todo por cinco euros, oiga. En un buen marco: el Casino. Con música y alegría, para acallar los runruneos de un estómago a medio satisfacer. Con gente así y con propuestas de este calibre aún es posible la esperanza. Qué digo. Aunque llegara a faltarnos inclusive esto, todavía seguiríamos en la urgencia de mantener levantada la mirada hacia horizontes mejores. Que todo se andará. El próximo martes, día 8, celebra su fiesta la comunidad de Hermanos de San Juan de Dios, que tienen en la capital el Hospital de su nombre. Además de los actos religiosos «obligados», la han preparado con una tanda de conferencias de gran interés para profesionales de la medicina e interesados en ese complejo mundo. Por ellas pasaron José Román Flecha, Juan Francisco Seco y Francisco Javier Rivas. Una vez más se demuestra lo huérfana que quedaría la cultura sin la aportación de las instituciones de la Iglesia. Y no barro para casa. Son datos. A Astorga no le ha caído del cielo sino de Hispanoamérica un diácono permanente. No contaba la diócesis aún con ninguno y, por sorpresa, resultó que un humilde emigrante boliviano, de Cochabamba por más señas, llegó al Bierzo hace unos meses y allí se ha afincado con su esposa y sus tres hijos. No olvidemos que el diaconado permanente fue reinstaurado por el Concilio Vaticano II y que a él pueden acceder hombres casados. Suerte para José Pedro Rocobado Paz -éste es su nombre-, que la gracia de Dios no le ha de faltar. Y felicitaciones a la diócesis de Astorga que de repente se encuentra con un ministro ordenado hecho y derecho. Y con el borrador de un reajuste de Arciprestazgos. El plan es que de los 24 actuales se pase a diez (dos para cada una de las zonas de Astorga, Galicia y Zamora y cuatro para el Bierzo). Una buena medida, avalada ya por la experiencia positiva de León, que hizo el reajuste hace dos años. Dos líneas sobre una publicación centrada en el órgano barroco de la iglesia de Santa Marina la Real. Su autor, el Sr. Cornellis de Graaf, no ha hecho más que poner en orden y concierto los apuntes de quien fue párroco del lugar, D. José María Barrero, fallecido hace unos años. Ahí -y en más cosas- está su herencia. Nunca sobrará cuidar y dar a conocer suficientemente el largo y extenso patrimonio de nuestras realidades diocesanas. Son el aporte de la Iglesia a la historia cultural de los hombres. A pesar de que nos acusen de «tenebrosos».