El paisanaje
Cabo de año
ECHANDO las cuentas del último año de gobierno mi peluquero de cabecera, que atiende en el Crucero por la razón social «peluquería José», calle Doctor Fleming sin número -se lo habrá robado algún mal gitano- asegura que en lo único que ha mejorado el barrio desde que Zapatero arribó a La Moncloa es que el Barça va el primero en la liga. La opinión es corroborada por su señor padre, al que unos llaman Cholito y otros el Apache, del que heredó las tijeras y la navaja barbera, de acuerdo con el cual el paso a nivel ferroviario sigue donde estaba, la vieja azucarera sí o no, según se mire, y los vecinos hartos de que les tomen el pelo. En la tertulia también tercia a menudo el cura Anexio, al que todos conocen por el nombre de pila, que no tiene pérdida, y no como párroco de San Francisco de la Vega, que cae donde Cristo dio las tres voces. Él también está hasta la coronilla. Según el pelucas José, gran paisano y profesional del peine, que garantiza el parecido a toda la parroquia por tradición familiar, el hecho de que Zapatero se haga hoy la permanente hacia adelante y no para atrás, como cuando estaba en la oposición, no significa nada. A los problemas del barrio empiezan a salirle canas, como a las mozas de Azúcar Moreno , una de las cuales está casada allí mismo con un guitarrista de Pinilla. Se dice esto porque de lo prometido hace un año por el presidente Zapatero en forma de autovías, centros de alta tecnología en León y Ponferrada, trenes de supervelocidad, soterramiento del paso a nivel del Crucero -cuerpo a tierra, mi sargento, que ya queda poco para licenciarnos-y demás pamplinas no hay todavía nada. Incluso querían engominar las ruinas de la azucarera Santa Elvira para hacer allí un palacio de exposiciones y congresos, pero cómo sería la cosa que hasta han emigrado al otro lado del río y de la vía del tren los honestos mercheros y feriantes de las fiestas que caen por San Juan. El último circo también se aculó por los pagos de Carrefour, lo más lejos posible. «Lo que tienen es mucho tupé», suele concluír el mi peluquero en las horas muertas del oficio, cuando nadie se acerca a la tertulia del establecimiento. Luego, observando por la calle a los transeuntes que votan al Gobierno, ya sea éste municipal, autonómico o de Madrid, la mayor parte con unas lanas propias de la oveja Dolly, vuelve a suspirar con un «necesitan un esquilado que no veas, porque casi todos votan desde hace generaciones por clonación: llevamos cien años con el mismo paso a nivel y a nadie se le cae el pelo de la dehesa». No todo el mundo piensa así, como, por ejemplo, el ya dicho cura Anexio, que bendice desde el púlpito con santa paciencia todos los proyectos gubernamentales de suprimir el maligno paso a nivel. Tanto que ha comprado una multicopista a medias con la UPL para ganar tiempo: desde hace veinte años, cada vez que se acercan elecciones, empieza las homilias con un invariable «gracias a Dios nos van a tapar las vías». Sólo estuvo a punto de caer en la tentación, aunque él ya casi no se acuerda, cuando uno de la media docena de alcaldes a los que ha sobrevivido -o sea, Morano, Villarig, Diego Polo, Morano de nuevo, Amilivia, Paco Fernández y otra vez Amilivia- estuvo a punto de añadir una variante en misa a cuento de lo del tren: «carísimos hermanos, y digo lo de carísimos por el precio a que se especulan nuestros terrenos de la Renfe y la Azucarera, así que dejad, por lo menos, el diezmo en el cepillo». Mi peluquero opina, entre cepillado y cepillado, que algo más de la mitad de los terrenos de la vieja azucarera se los ha quedado Raúl, el del Real Madrid. Si lo sabrá él, que es del Barça. Se rumoreaba por el barrio que el delantero centro no mete un gol ya ni de penalti, pero dicen que en Villaquilambre y detrás de la azucarera es el amo del campo, así como suena, porque lo ha comprado todo y es suyo. El viejín paso a nivel del Crucero es como un termómetro. ¿Qué pasan muchos trenes y despacio? Mal asunto, por los atascos de tráfico. ¿Que bajan las barreras pocas veces al día? Peor, porque entonces no pasa nada y estamos abocados al paro. ¿Que va a pasar por abajo? Dios no lo quiera, porque mi peluquero y yo estaremos ya criando malvas, según el calendario más probable. José, el peluquero del parroco Anexio y de un servidor, además de otros clientes que no es prudente citar, se presentó como suplente -y esto va a misa- en las últimas elecciones municipales con un Durruti, nieto de tal y cual. El cartel electoral se exhibe aún en el establecimiento con mucha dignidad y durará lo más probable tanto como el paso a nivel a la vera de la estantería. Naturalmente no salieron elegidos. Así nos luce el pelo.