Diario de León

Bendición con dolor

El Papa se asomó a la ventana para impartir en silencio la Urbi et Orbi, no sin intentar hablar. En su mensaje, leído por el cardenal Sodano, advirtió del peligro de las guerras

MAURIZIO BRABANTTI

MAURIZIO BRABANTTI

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Juan Lara - colpisa

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Por primera vez en sus 26 años de pontificado, el Papa Juan Pablo II no logró, pese a que intentó en varias ocasiones, pronunciar este domingo la bendición pascual Urbi et Orbi debido a su delicado estado de salud. En una dramática aparición en la ventana de su apartamento que da a la plaza de San Pedro, transmitida en directo a numerosos países, se pudo ver al Papa que se esforzaba para pronunciar algunas palabras, sin lograrlo. A través de los micrófonos, instalados frente al atril, se escuchaba su respiración fuerte y los jadeos, por lo que el Papa pasó luego a trazar en silencio el señal de cruz. La aparición fue recibida por llantos y manifestaciones de emoción de los miles de fieles congregados en la plaza por la salud del pontífice, de 84 años, quien fue sometido a una traqueotomía el pasado 24 de febrero. Paz Minutos antes Juan Pablo II había pedido la paz para el mundo, en particular para el Medio Oriente y África, y solidaridad para los que «sufren y mueren de miseria y hambre», en un mensaje leído al término de la misa de Pascua en el Vaticano. El mensaje fue transmitido en directo a 74 países y leído en numerosas lenguas por el cardenal Ángelo Sodano. «Paz para los Países del Medio Oriente y África, donde se sigue derramando mucha sangre, paz para toda la humanidad, sobre la cual se cierne siempre el peligro de guerras fraticidas», escribió el Papa. «Danos también a nosotros la fuerza de una solidaridad generosa con las multitudes que, aun hoy, sufren y mueren de miseria y de hambre, diezmadas por epidemias mortíferas o arruinadas por enormes catástrofes naturales», agregó. El conmovedor mensaje del pontífice fue transmitido al mundo al término de la misa de Pascua. Aunque delegó todos los ritos de la Semana Santa en cardenales, el Papa no ha querido renunciar a impartir la bendición y el estandarte de su pontificado fue colgado de la ventana de su apartamento, como señal de que aparecería. La noche del viernes y la tarde del sábado, el pontífice siguió desde la capilla de su apartamento todo los ritos litúrgicos a través de la televisión.

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