Diario de León
Publicado por
JOSÉ ROMÁN FLECHA ANDRÉS
León

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SOMOS unos perpetuos adolescentes. Tan contradictorios y tan complicados como ellos. Gritamos que nos dejen en paz, pero no somos capaces de estar solos. Buscamos la soledad y la llenamos de mensajes por medio de los últimos teléfonos. Nos pasamos la vida proclamando a los cuatro vientos que nos bastamos a nosotros mismos, que no necesitamos nada de nadie. Pero no podemos prescindir de los demás. La soledad puede ser una excelente ocasión de encuentro con nosotros mismos, pero tal vez sea ese encuentro el que menos deseamos. La soledad es fuente de creatividad, pero hace falta tener un espíritu creativo. De lo contrario la soledad es un manantial de aburrimiento, de nostalgias, de insatisfacción. La soledad es un tesoro, pero sólo cuando ha sido elegida libremente. Cuando es impuesta constituye por sí misma una condena insoportable. Promesa y ausencia Según el evangelio de Juan, durante la despedida que tuvo lugar en la sala donde celebraban la última cena, Jesús había prometido a sus discípulos que no los dejaría huérfanos (Jn 14,18). Sin embargo, el misterio de la Ascensión del Señor a los cielos parece desmentir aquella promesa. Así lo cantaba Fray Luis de León: «¿Y dejas, Pastor santo, tu grey en este valle, hondo oscuro, en soledad y llanto, y tú, rompiendo el puro aire, te vas al inmortal seguro?» El Mesías había sido prometido con el nombre de «Enmanuel», que significa «Dios con nosotros». En realidad la vida terrena de Jesús había sido una consecuencia de ese nombre. Había estado cerca de los pobres, los humildes y los enfermos. Pero, el Señor resucitado parecía haber cumplido el tiempo de su permanencia en la tierra y se retiraba triunfante a la gloria de Dios. Su enemigos podrían quedar tranquilos. Pero sus amigos temían quedar sumergidos en la soledad de su ausencia. Presencia y osadía Con todo, el evangelio según San Mateo se cierra con unas palabras inolvidables: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo». Es una promesa que contribuye como ninguna otra a afianzar la esperanza y la osadía. ¿ «Yo estoy con vosotros todos los días». El cristiano sabe que no está solo en el mundo. Que su Señor lo acompaña en sus caminos y le muestra los ideales de los que ha de vivir y por los que ha de luchar. ¿ «Yo estoy con vosotros todos los días». La promesa alienta el secular peregrinaje de la Iglesia, tantas veces atacada y ridiculizada por lo que ven en ella una amenaza para su libertad. ¿ «Yo estoy con vosotros todos los días». Todos los hombres y mujeres de buena voluntad han de saber que Jesús y su mensaje no pertenecen al pasado ni a un solo grupo. Están ahí para todos. - Señor Jesús, la fe te descubre siempre a nuestro lado. Ayúdanos a vivir de tal modo que podamos hacer evidente tu presencia a todos los que caminan con nosotros. Amén.

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