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Química para hacer que llueva
Un experimento portugués, consistente en provocar la lluvia a través de la liberación de productos químicos a la atmósfera desde un avión, podría terminar con la sed del campo

Un experimento portugués podría terminar con la sequía del campo
La solución reside en un experimento llevado a cabo por investigadores lusos que consiste en provocar lluvia gracias a la liberación de productos químicos en la atmósfera desde un avión. En la segunda prueba llevada a cabo este año los resultados han sido satisfactorios y se registraron pequeñas precipitaciones en la zona sometida al ensayo. La sequía afecta a tres cuartas partes del país y las previsiones meteorológicas para este año no son nada prometedoras. Los agricultores del Alentejo, al sur del país, están siendo los más perjudicados por la falta de lluvias y se calcula que las pérdidas de este año superan los cien millones de euros. Son muchos los animales que han fallecido por falta de agua y los embalses están con niveles de almacenamiento preocupantes. Antes esta situación, en Portugal se está experimentando con las investigaciones realizadas en las universidades de Évora y la Lusófona de Lisboa, dirigidas por el profesor João Corte Real, que provoca agua dulce mediante la inyección en las nubes de cristales de cloruro de calcio y yoduro de plata (un anhídrido resultante de la combinación de yodo y oxígeno). El pasado martes un avión de la Fuerza Aérea Portuguesa (Piper-Brave ) soltó en la atmósfera estos cristales sobre la región de Benavente y Coruche, el centro. Según informó el Instituto de Meteorología durante los quince minutos que duró la operación se registraron lluvias sobre la zona de entre 150 y 175 mililitros por metro cuadrado. Una prueba similar El pasado mes de febrero ya se llevó a cabo un experimento similar que había sido anteriormente probado en Portugal en dos ocasiones. El avión C-130 de las Fuerzas Armadas Portuguesas lanzó un conjunto de compuestos químicos durante dos horas en las zonas de Montijo, Mora, Figueira da Foz, Santarém y Cartaxo. La experiencia consistió en la inseminación de nubes estratiformes por cristales de cloro de calcio y de nubes cumuliformes por cristales de yodo de plata, estos últimos inyectados en lo alto de la nube, región en la que la temperatura era inferior a los cero grados en la escala de Celsius. Según el informe posterior a este experimento, se lograron «pequeñas cantidades de precipitación en algunos de los puntos de la trayectoria seguida por el avión, mientras que las precipitación fue nula en las regiones vecinas, sujetas a las mismas condiciones sinópticas». Los resultados de esta primera prueba en lo que va de año ya fueron calificados por los investigadores como «animadores».