EL AULLIDO
Homosexuales
¡MATRIMONIO DE HOMOSEXUALES! No entiendo qué problema tiene al respecto la Iglesia Católica si lo cierto es que los gais en España llevan casándose toda la vida y haciendo así infelices a sus mujeres. Por eso a partir de ahora y gracias a esa nueva ley no se destruirá la institución de la familia -como algunos auguran- sino sólo habrá menos fingimiento, y menos insatisfacción, y menos hipocresía, y más normalidad. Como nos enseña en toda su obra Luis Antonio de Villena, muchos homosexuales hoy se sienten, si no fuera del sistema, sí muy orillados de la sociedad y ésa les parece una postura militante e inteligente: por eso no quieren casarse con nadie de ningún sexo. Pero hay también otros gais cansados de ir a la contra; cansados de tanta tradición de persecuciones, discriminación y homofobia, y éstos desean a su lado a alguien de su mismo sexo con quien envejecer, y buscan normalidad. Pues para eso están las leyes, ya que la normalidad necesita una norma. En este sentido ya era hora de que nuestra civilizada legislación amparara a este colectivo e igualara sus derechos a los de cualquiera, porque eso no es sólo un beneficio para ellos sino, también, para el conjunto del país. A todos beneficia que la gente en nuestra comunidad se sienta más normal, más feliz y más libre. Lo más preocupante, pues, de la manifestación de hoy convocada por el clero y el PP no es su radicalidad, sino su integrismo. Se sale a la calle para que el amor simétrico de dos personas siga siendo clandestino,, para que no integremos a las parejas de gays y lesbianas sino sólo las toleremos: se sale a la calle tratando de imponer los valores religiosos de tiene una parte de la sociedad al conjunto de la misma. Además se está identificando unilateralmente catolicismo con Partido Popular, lo cual resulta manipuladoramente injusto. Hay católicos en todos los partidos como hay gais y lesbianas en todos los partidos y todas las confesiones religiosas, incluida la católica. Una de las conquistas ideológicas, de hecho, más sobresalientes de la llamada transición fue ésta de que ahora se pueda ser sin contradicciones católico y socialista, homosexual y del PP e incluso cura y comunista. Dichas posturas abundan hoy en nuestra sociedad, y sería una pena y un regreso a lo peor de nuestro pasado que se perdiera ideológica y políticamente esa transversalidad y nos hicieran volver a aquello de las dos Españas tan bipolar y caduco. Nada es blanco o negro, ni siquiera este país: existen lo matices. Necesitamos más que nunca una sociedad en la que quepamos todos, y para construirla han de servir las leyes. De hecho esta ley que amplía el concepto actual de familia implica un cambio mental, sí, pero es una ley propia de un país avanzado y moderno; de una España del siglo XXI. Se necesita, claro está, ambición y valentía para cambiar, para innovar, para avanzar, pero esa predisposición ayuda a mejorar. En este sentido legalizar la situación emocional de las parejas homosexuales supone una decidida apuesta por la igualdad, por la libertad y a favor de la convivencia, y esos son valores fundamentales en los que se fundamenta la democracia. Ahora sin embargo el clero y el PP convocan una manifestación como diciendo sin decirlo que no les gusta la separación Iglesia-Estado, que España tiene que volver a ser institucionalmente confesional de la cabeza a los pies, y exigiéndonos que regresemos en nuestra cosmovisión a la Edad Media. Y esa, parece, es una exigencia tan drástica y extravagante como Crónicas Marcianas.